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Hasta que tuve mi primera máquina de escribir, lo que usaba era un bolígrafo de diez colores y un cuaderno. Cuando me compraron la máquina de escribir, me las apañaba con un papel de calca entre dos folios cuando se me acababa la tinta de los rollos.
Después pasé a tener un ordenador sin internet. Solo usaba el Word. Escribir, escribir, escribir.
Y cuando ¡por fín! tuve internet, dejé de escribir tan a menudo. Por que claro, está el msn, el facebook, el twitter, las cientos de miles de páginas que nos absorben ahora con tanta política, y muchos etc.
La escritura es mi vocación, mi pasión y mi necesidad de existencia. No es mi droga, es mi oxígeno.
Así que, lo siento, pero no coincido contigo. Mi ego puede que haya crecido a medida que cumplo años; sí, seguramente. Pero tengo tantas cosas que hacer por internet (por ejemplo mi tienda online) que ahora escribo con menos frecuencia y me suda los cojones si me leen en internet o no. Mi ego no crece cuando me dejan un mensaje diciendo lo mucho que les ha gustado mi relato o mi novela. Sencillamente, no dejo que el brillo de la estrella que no tenemos ( y que por eso estamos aquí) me deslumbre. Así que, como puede ver tras este cacho testamento, internet no ha mejorado mis ansias por escribir. Todo lo contrario, me roba mucho tiempo para hacerlo. Por tanto, si quitaran internet (cosa que no desearía porque hemos avanzado mucho con esta herramienta, pero en mi caso para otras cosas) creo que volvería a escribir nueve horas diarias, o incluso más.
El escritor escribe porque es escritor, porque necesita comunicarse. Exista Facebook o no. Tengas blog o no (que lo tengo, pero hace mucho que no actualizo). El que busca fama y aclamaciones no podría vivir sin el Facebook. Y es una pena, porque la mayoría de los comentarios que se dejan no tienen contenido alguno.
Ná, lo que quería decirte es que lo del papel de calca es MUY GRANDE, muy friki también, pero MUY GRANDE