Esta web, cuyo responsable es Bubok Publishing, s.l., utiliza cookies (pequeños archivos de información que se guardan en su navegador), tanto propias como de terceros, para el funcionamiento de la web (necesarias), analíticas (análisis anónimo de su navegación en el sitio web) y de redes sociales (para que pueda interactuar con ellas). Puede consultar nuestra política de cookies. Puede aceptar las cookies, rechazarlas, configurarlas o ver más información pulsando en el botón correspondiente.
AceptarRechazarConfiguración y más información

Foro para escritores de Bubok

Para participar en los foros de Bubok es imprescindible aceptar y seguir unas normas de conducta básicas. Puedes consultar estas normas aquí
X
mundomagico
Mensajes: 8
Fecha de ingreso: 15 de Septiembre de 2012

EROTISMO

22 de Noviembre de 2012 a las 14:29
estoy escribiendo un texto erótico, alguien me puede dar su opinión???




mundomagico
Mensajes: 8
Fecha de ingreso: 15 de Septiembre de 2012
  • CITAR
  • 22 de Noviembre de 2012 a las 14:30

Llego contenta a su habitación, frente a un espejo decidió vestirse. Eligió entre varias cosas, no sabía como llamar su atención de nuevo y quería volver a conseguirlo. Estaba muy indecisa, no sabía por donde empezar, qué ponerse. Ensayaba caras frente al espejo. Tocaba su pecho y la cintura. Besos, sonrisas, poses. La cruz de plata. Esa cadena nueva que trajo su primer amor. Su delgada linea de la cintura estaba encorvada

como un distintivo femenino. Tenía las piernas cruzadas, y las manos se paseaban por la caricia de un bello suave. Tenía bragas, sí, llevaba coleccionando bragas desde que salió del colegio. Las tenía de todos los colores y con toda clase de bordados. Primero preguntó a Dios, cuales se ponía. Pero Dios le dijo “haz lo que quieras”. De todos modos se las iban a romper, tal vez, con la boca. Su fuerte mano era capaz de rajarlas con un dedo. Pero ella no quería malgastar tiempo en eso. Se puso una falda corta, de esas que su padre no sabía que tenía y bailó, sin sujetador, frente a la mirada de su querido espejo. Sus niñas de sus ojos no paraban de observar el reflejo. Y su cuerpo no paraba de profundizar en la mirada perfecta. Pensó en quitarse la falda, y la subió hasta arriba para ver cómo lo vería él, cuando la levantase con sus manos.




“No llevo bragas, no lo quiero ocultar. Esta falda es corta, si subo una pierna se ve hasta el pelo, si abro las piernas también, y él entra dentro, así. Como si yo estuviera encima del pene. Las rodillas en el suelo, es como si lo hacemos en la moqueta, enfrente del espejo. Ya no soy una niña y tengo pecho, pronto me hará así con el dedo, y yo esto.



Tocaba su pezón en una mueca de seducción, y lo trataba de asemejar a la realidad. Tenía la cara de su amante en una foto, pronto se verían. Al mirar vio la ventana abierta y la cerró de golpe corriendo las cortinas. Su cuerpo tan sedoso lo lastimaba pronto, su corazón tan joven no sabía del terror del mundo. La Biblia, en la mesilla de cabecera, con una postal del frente. La guerra había finalizado. Era una foto de París. Quería saber más, si había estado solo o con alguien en ese lugar. Y pensó que allí había tantas mujeres como en casa, y tan bonitas como lo era ella. O más, menos enamoradas. Regresó al espejo bailando, al son del sonido de sus pasos sobre el parqué. Y decía sin olvido que ya yacía con la almohada, junto a él, con y sin ropa. Ese ser sereno y serio, y sensual, y tan sabroso que todas sus miradas eran eses. Su sudor, era sabroso. Y su semen sabía a dulce frescor de atardecer, no. Su semen era el atardecer y el sol, en un discordante encuentro con la luna. Lo bello de ser resultado de una medicina para el alma. Era su semen su nutrido vaso de ambrosía, su leche encantada. El mayor deseo que podía pedir era tenerle en el recinto de la sala para ella sola, con todas sus costillas menos la que le quito un romántico amo. Era esa parte la que más importaba, su parte favorita del cuento era la clara razón por la cual, su Dios, ya no tenía miedo, de limpiar toda la tierra de vida, y dar muerte en agonía. Ella era la realización de un cuerpo suministrado a gotas por el Olimpo. Toco de su cara, la lengua, y de su cuerpo las rodillas. Mirándose en el reflejo de un cristal, unto de saliva lo que iba avanzando hasta la punta de su clítoris, y dijo a Dios que eso era divino. Era una niña de la iglesia, sus años habían pasado por muchas penalidades, sus veinte navidades habían sido las más longevas, sin un hombre como su futuro varón hermoso. Y así toco su sexo presurosa, con ansias de acabar el orgasmo, hasta saciar del todo aquel punto interior entre sus largas piernas. Luego cogió la mano entera y lo frotó. Para limpiar las gotas que habían caído. Su mano entera se humedeció, y tras todo eso, se tumbó en la cama. Toco su cintura y bañó lo que había caído por todo su pecho hasta la boca, y lo probó. Como si fuera de él, y para su asombro tenía el mismo sabor que su semen. Se quitó la falda y se levanto tan calmada como si hubiera salido de una sauna. Dejo que el aire le secara el cuerpo y las gotas. Permitió al aire tocar su piel, ofreciose a ser mirada por todos sus pensamientos, y se imagino en algún lugar público. Estirando sus brazos alargados y cerró los ojos para ver qué se sentía. Pero no fue muy real, y cada vez más ansiaba la compañía de su amor. Abrió de nuevo sus párpados y salió al pasillo. Entró al baño como a ella le gustaba entrar. Sin un trozo de ropa encima, porque si sus padre la veían la mataban por ir así. Y se paseaba en cueros por todo el hall hasta la bañera y le gustaba a veces masturbarse por el camino. Nunca vio a nadie verla. Un día se sorprendió con un ruido y se asustó tanto que corrió hasta el cuarto para esconderse del peligro. Era esa la sensación que quería repetir una y otra vez. Dejó la puerta abierta, y abrió el agua. Cantó la canción del lalala, entonado una melodía improvisada por su garganta. Estaba alegre. Ya sabía el sabor de su propio semen también, y no era desagradable. Lo celebraba y se duchó. Le gustaba limpiarse bien el culo, y debajo de los sobacos. Las plantas de los pies, en ellas se quedaba mucha suciedad. Trato de mirar en la pared su reflejo otra vez. Pero el espejo estaba lejos. Y entonces, salió de la bañera para volver a verlo. Empapando toda la moqueta del pasillo. Hoy venía Roberto. Debía de sorprenderle de algún modo. Pensaba en maquillarse, y en vestirse de algo totalmente nuevo. Tardó poco en limpiarlo todo y en secarse, volvió al cuarto, eran las nueve. Sus padres estaban escuchando la misa, y sus paso debían de llegar pronto. Ahora estarían de camino, y debía salir antes. Gustosa sabía que los dioses la estaban guardando, tenía la solicitud de un ser poderoso, que entraba en su pecho y le decía que todo sería encauzado.



“De la costilla que Yahvé Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces este exclamó:



Esta vez si que es hueso de mis huesos

y carne de mi carne.

Esta será llamada mujer,

porque del varón ha sido tomada.

Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne”.



Por eso de la costilla de Adán nació Eva. Su cuerpo formaba parte de su cuerpo, su mente de su corazón y su lazo de amor era un verdadero destino. Para toda la vida. Para los siglos venideros en la mano del Señor. Era un resultado de mil potencias, elevadas al quinto manjar del vientre. Ella así se lo hacía notar. Dando con el dedo en su bulbar. Dirección de un atardecer. Hermosa estaba tan encantada que no lo pensó más. Como si de una muerte se tratara, cogió el vestido de las planas flores, y se lo puso. Como si no fuera suyo, pareciendo ser de una chica más fina que un lápiz. Lo encajó en todo su pecho para que las bien formadas mamas estuvieran al descubierto. Y al levantar la pierna se le veía el bello, pues no tenía mayor deseo que eso. Y lo cubrió con un pañuelo, que introdujo en su vaginal abismo, para que se pudiera sentir el orgasmo al sacarlo. Luego coloco las bordadas bragas más blancas que tenía sin ser así una molestia, pues eran suaves como un sedoso manto. Y puso el pañuelo blanco aún más dentro de su cuerpo, y al estar todo bien dispuesto salió sin ver lo que dejaba sobre la cama. Para llegar sin demora a la estación y recibir a su soldado que le traía flores. Normales, o rosas, aleluyas, o violetas. No encontraba el lugar donde había puesto su sostén, y regresó pasos arriba por la escalera, dejando que pasara el tiempo. Subiendo despacio sin mayor miramiento que lo que tenía en frente. Como una señorita. Tras de si dejaba la alfombra del suelo seducida por todos su andar, y se iba quitando los tirantes pues le faltaba la prenda esencial para la búsqueda de su sueños. Pensamientos del como será aquel acontecer. Y se quitó un tirante del hombro, y vio que su pecho se presentaba enseguida, dando la posibilidad de que se le hubiera visto todo al pasear contenta por la avenida. Llegó a la puerta donde estaba el espejo y sin más pena que un descuido vio como tenía todo mal dispuesto. La falda mal colocada le hacía parecer un mendigo, y sus tetas se dibujaban asombrosamente iguales a través del placentero vestido que llevaba puesto. Se le veía el pezón a través de la tela y eso era encantador, así que se puso el tirante suelto y se ruborizó. Ya eran dos buenas y vistosas mamas, recordaba cuando le estaban creciendo, y no lo soportaba. Pues ella desde tiempo atrás siempre quiso ser así. Comenzó a oler la colonia y no le gustó pues quería llorar. Se sentía tan hermosa sin sujetador, oliendo al frescor de los aromas y tan sola que, dos pequeñas lágrimas salieron de los ojos para decir que lo lamentaba. Quería estar ya en su bosque, con su querida mansión, y a sus hijos jugando, y a su marido viendo lo que ella veía en ese espejo del pasillo. Quería saber a que gusto parecían las lágrimas de los lloros, y las tragó. Dando consuelo a su lengua, comenzó a soltar saliva de las comisuras de sus labios. Y se le cayeron los dos tirantes y el vestido entero y no pudo más que sentarse en el suelo frente a su propia imagen. En la que dos ojos miraban fijos a sus pupilas. Era ella misma, era su mayor amiga. Y desde la punta sacó el pañuelo mientras observaba su baba caer por la cara al tiempo que se iba corriendo de nuevo con el roce tierno del avanzar. Y se fue de nuevo. De un modo lento. Dando por terminado su preparación para que un robusto pene entrara también por el agujero. Y lloró, tumbada en ese mismo sitio, tenía el vestido casi a la altura de las ingles, la mano llena de sentido semen, y su cabeza dio un golpe en el suelo al gemir, aullando como una locomotora. Dando un silbido final a la combustión de gasolina y apagándose lentamente en la moqueta del suelo dijo “ya esto salida”. Se dio la vuelta y se rebozo por el suelo dejado que toda pelusa entrara en sus poros y se ensució con la mierda de la alfombra y se levanto y dijo “ya me he corrido”.

   
Chat de soporte de Bubok ×