De bien nacidos es ser agradecidos; así que gracias. Mil gracias por haber leído todos los relatos (también los míos: iban en el lote) y por haber elegido “Pasos de baile” y haberle dado algún cariñito a “Un minuto de gloria”. Reconocer que ha sido muy interesante leeros y que las puntuaciones no dejan de ser la prueba definitiva de que cada persona es un mundo y cada lector, dos.
Ojalá en este III Certamen se animen más bubokianos; a escribir o a puntuar. Si el tema que he elegido no ayuda, confío en que sepan ustedes disculparme:
FANTASMAS (entendidos como entes paranormales y no como ese tipo que todo el mundo conoce y que se las da de lo que no es)
Así que… Pistoletazo de salida al III Certamen de Relatos de Usuarios de Bubok.
Que la inspiración os acompañe.
Suerte!
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Quiero creer. Cincuenta y siete años y, por fin, está decidido a terminar su investigación. Toda una vida dedicada a encontrar pruebas fehacientes de la existencia de fantasmas, del más allá, está a punto de terminar, cuando en realidad parece haber demostrado todo lo contrario. Cincuenta y siete años y, por fin, ha reunido el valor suficiente para enfrentarse a la última conclusión posible. Tras frustrantes experimentos por todo el mundo que nada probaron, salvo que el fraude o la casualidad, estaban detrás de toda la fenomenología a la que se enfrentó (y toda la que obvió por evidente vodevil). Cincuenta y siete años y, por fin, le queda claro que debe ser otro quien escriba el punto y final. En la carrera por detectar la esencia de los muertos desarrolló tecnología que resultó provechosa y lucrativa a los vivos lo que le permitió llegar a este momento, en el cual todo será registrado. Cincuenta y siete años y, por fin, alcanza la paz que otorga el estar seguro de conseguir aquello por lo que tanto ha luchado. Respira, aleja cualquier atisbo de nerviosismo y, sin dilatar más el momento, salta al vacío. Y sólo él sabrá si acertó o estaba equivocado. |
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Quiero creer. Cincuenta y siete años y, por fin, está decidido a terminar su investigación. Toda una vida dedicada a encontrar pruebas fehacientes de la existencia de fantasmas, del más allá, está a punto de terminar, cuando en realidad parece haber demostrado todo lo contrario. Cincuenta y siete años y, por fin, ha reunido el valor suficiente para enfrentarse a la última conclusión posible. Tras frustrantes experimentos por todo el mundo que nada probaron, salvo que el fraude o la casualidad, estaban detrás de toda la fenomenología a la que se enfrentó (y toda la que obvió por evidente vodevil). Cincuenta y siete años y, por fin, le queda claro que debe ser otro quien escriba el punto y final. En la carrera por detectar la esencia de los muertos desarrolló tecnología que resultó provechosa y lucrativa a los vivos lo que le permitió llegar a este momento, en el cual todo será registrado. Cincuenta y siete años y, por fin, alcanza la paz que otorga el estar seguro de conseguir aquello por lo que tanto ha luchado. Respira, aleja cualquier atisbo de nerviosismo y, sin dilatar más el momento, salta al vacío. Y sólo él sabrá si acertó o estaba equivocado. |
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Quiero creer. Cincuenta y siete años y, por fin, está decidido a terminar su investigación. Toda una vida dedicada a encontrar pruebas fehacientes de la existencia de fantasmas, del más allá, está a punto de terminar, cuando en realidad parece haber demostrado todo lo contrario. Cincuenta y siete años y, por fin, ha reunido el valor suficiente para enfrentarse a la última conclusión posible. Tras frustrantes experimentos por todo el mundo que nada probaron, salvo que el fraude o la casualidad, estaban detrás de toda la fenomenología a la que se enfrentó (y toda la que obvió por evidente vodevil). Cincuenta y siete años y, por fin, le queda claro que debe ser otro quien escriba el punto y final. En la carrera por detectar la esencia de los muertos desarrolló tecnología que resultó provechosa y lucrativa a los vivos lo que le permitió llegar a este momento, en el cual todo será registrado. Cincuenta y siete años y, por fin, alcanza la paz que otorga el estar seguro de conseguir aquello por lo que tanto ha luchado. Respira, aleja cualquier atisbo de nerviosismo y, sin dilatar más el momento, salta al vacío. Y sólo él sabrá si acertó o estaba equivocado. |
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Quiero creer. Cincuenta y siete años y, por fin, está decidido a terminar su investigación. Toda una vida dedicada a encontrar pruebas fehacientes de la existencia de fantasmas, del más allá, está a punto de terminar, cuando en realidad parece haber demostrado todo lo contrario. Cincuenta y siete años y, por fin, ha reunido el valor suficiente para enfrentarse a la última conclusión posible. Tras frustrantes experimentos por todo el mundo que nada probaron, salvo que el fraude o la casualidad, estaban detrás de toda la fenomenología a la que se enfrentó (y toda la que obvió por evidente vodevil). Cincuenta y siete años y, por fin, le queda claro que debe ser otro quien escriba el punto y final. En la carrera por detectar la esencia de los muertos desarrolló tecnología que resultó provechosa y lucrativa a los vivos lo que le permitió llegar a este momento, en el cual todo será registrado. Cincuenta y siete años y, por fin, alcanza la paz que otorga el estar seguro de conseguir aquello por lo que tanto ha luchado. Respira, aleja cualquier atisbo de nerviosismo y, sin dilatar más el momento, salta al vacío. Y sólo él sabrá si acertó o estaba equivocado. |
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Quiero creer. Cincuenta y siete años y, por fin, está decidido a terminar su investigación. Toda una vida dedicada a encontrar pruebas fehacientes de la existencia de fantasmas, del más allá, está a punto de terminar, cuando en realidad parece haber demostrado todo lo contrario. Cincuenta y siete años y, por fin, ha reunido el valor suficiente para enfrentarse a la última conclusión posible. Tras frustrantes experimentos por todo el mundo que nada probaron, salvo que el fraude o la casualidad, estaban detrás de toda la fenomenología a la que se enfrentó (y toda la que obvió por evidente vodevil). Cincuenta y siete años y, por fin, le queda claro que debe ser otro quien escriba el punto y final. En la carrera por detectar la esencia de los muertos desarrolló tecnología que resultó provechosa y lucrativa a los vivos lo que le permitió llegar a este momento, en el cual todo será registrado. Cincuenta y siete años y, por fin, alcanza la paz que otorga el estar seguro de conseguir aquello por lo que tanto ha luchado. Respira, aleja cualquier atisbo de nerviosismo y, sin dilatar más el momento, salta al vacío. Y sólo él sabrá si acertó o estaba equivocado. |
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Quiero creer. Cincuenta y siete años y, por fin, está decidido a terminar su investigación. Toda una vida dedicada a encontrar pruebas fehacientes de la existencia de fantasmas, del más allá, está a punto de terminar, cuando en realidad parece haber demostrado todo lo contrario. Cincuenta y siete años y, por fin, ha reunido el valor suficiente para enfrentarse a la última conclusión posible. Tras frustrantes experimentos por todo el mundo que nada probaron, salvo que el fraude o la casualidad, estaban detrás de toda la fenomenología a la que se enfrentó (y toda la que obvió por evidente vodevil). Cincuenta y siete años y, por fin, le queda claro que debe ser otro quien escriba el punto y final. En la carrera por detectar la esencia de los muertos desarrolló tecnología que resultó provechosa y lucrativa a los vivos lo que le permitió llegar a este momento, en el cual todo será registrado. Cincuenta y siete años y, por fin, alcanza la paz que otorga el estar seguro de conseguir aquello por lo que tanto ha luchado. Respira, aleja cualquier atisbo de nerviosismo y, sin dilatar más el momento, salta al vacío. Y sólo él sabrá si acertó o estaba equivocado. |
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Quiero creer. Cincuenta y siete años y, por fin, está decidido a terminar su investigación. Toda una vida dedicada a encontrar pruebas fehacientes de la existencia de fantasmas, del más allá, está a punto de terminar, cuando en realidad parece haber demostrado todo lo contrario. Cincuenta y siete años y, por fin, ha reunido el valor suficiente para enfrentarse a la última conclusión posible. Tras frustrantes experimentos por todo el mundo que nada probaron, salvo que el fraude o la casualidad, estaban detrás de toda la fenomenología a la que se enfrentó (y toda la que obvió por evidente vodevil). Cincuenta y siete años y, por fin, le queda claro que debe ser otro quien escriba el punto y final. En la carrera por detectar la esencia de los muertos desarrolló tecnología que resultó provechosa y lucrativa a los vivos lo que le permitió llegar a este momento, en el cual todo será registrado. Cincuenta y siete años y, por fin, alcanza la paz que otorga el estar seguro de conseguir aquello por lo que tanto ha luchado. Respira, aleja cualquier atisbo de nerviosismo y, sin dilatar más el momento, salta al vacío. Y sólo él sabrá si acertó o estaba equivocado. |