Mesa de Tablas
Tricus es un estudiante ejemplar de diecinueve años. Calculador, intuitivo, incapaz de fallar. Vive una vida aparentemente normal junto a sus amigos: Bema, la soñadora constante; Looky, el bromista de dos caras; Joel, el espectador lleno de ambiciones; y Flow, el estratega oculto tras el dinero. Entre charlas, estudios y pequeños sueños, ninguno imagina que su mundo está a punto de romperse en capas invisibles.
Todo cambia cuando Tricus es arrastrado al Mundo Irreal, un plano donde las leyes no responden a la lógica conocida. Allí despiertan en él dos fuerzas opuestas: Ra y Kid, luz y oscuridad, que al unirse lo transforman en algo más que humano. A partir de ese instante, Tricus deja de ser solo un muchacho brillante para convertirse en el eje de un equilibrio que nadie más puede sostener.
Amenazado por los grandes poderes del infierno, obligado a pactar con demonios como Centaurus, Tricus es forzado a reinar sobre el Mundo Irreal. Portales se abren entre reinos, los demonios comienzan a alimentarse de múltiples especies, y la mitad de su poder queda encadenada para mantener ese sistema en pie. El precio del poder no solo es físico: su carácter cambia, su humanidad se desgasta, y solo el abrazo de Bema logra recordarle quién era antes.
Mientras guerras, traiciones y pactos frágiles sacuden a todas las razas, Tricus descubre la existencia de algo aún más aterrador que los demonios: la Mesa de Tablas, un sistema que gobierna universos por capas, llamadas Láminas. Su mundo no es único. Es solo una hoja más en una estructura infinita. Y él ha sido marcado por los “de arriba” como una anomalía útil para la siguiente etapa de la creación.
En medio de esta revelación, Tricus hace lo imposible: devuelve a sus amigos a la Tierra, permitiéndoles elegir su propio destino. Él, en cambio, debe quedarse. Negocia con reyes, libera su mundo de los demonios y baja al infierno por última vez para cerrar definitivamente los portales. Allí, sin dudas ni piedad, ejecuta una limpieza absoluta. Incluso Centaurus cae.
Cuando el infierno queda reducido a cenizas y el Mundo Irreal se convierte por fin en un lugar tranquilo, Tricus comprende que ya no pertenece a ningún mundo. Ya no es humano. Ya no es rey. Y cuando pronuncia una sola palabra —“revivir”—, su destino se desplaza hacia algo que ni siquiera los dioses controlan.
Porque el mayor enemigo no era el infierno.
Era el sistema que decide cuándo un universo deja de servir.
Y Tricus acaba de desafiarlo.