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El Manuscrito de un Loco, se focaliza, muchas veces, en la mirada de una cámara de cine. Absolutamente visual, describe a menudo los detalles: un primer plano del padre engullendo la comida mientras regaña al niño, o el hijo bajo la mesa que sólo alcanza a

ver las piernas de la gente y la luz del sol reflejándose en la alfombra. Los diálogos son fluidos, y muestran ”más que cuentan” el carácter de cada personaje y sus conflictos.

La acción vida se ubica en el entorno de Los Ángeles de la Depresión y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. El padre, desempleado, salía cada mañana de la casa para que los vecinos no advirtieran su situación.

El protagonista, es Ryan Campbell, desde su infancia. Se cuestionan aquí todos los lugares de socialización: familia, escuela, trabajo, universidad. Se trata de una mirada crítica desde adentro de un mundo violento, opresivo y vacío de sentido: el que también a nosotros nos toca vivir.

El padre es bruto y maltratador; la madre, sumisa. Los demás niños son crueles, y los profesores, estúpidos. El optimismo norteamericano está lejos de las vivencias de Ryan. En todo caso, desea ser invisible a la mirada de los otros, y su vida se levanta como resistencia frente a los mandatos sociales. Se identifica con los marginados para no necesitar de nadie. La sociedad no le permite confiar en otro ser humano. Su situación no tiene posibilidades de modificarse: será, él también, víctima y victimario.

El alcohol, el sexo, la soledad y los aspectos más absurdos y sórdidos de nuestra civilización son la base de El Manuscrito...sin excepción. Peleas, voyeurismo, masturbación, alcohol constituyen las escasas expresiones de placer en la vida del protagonista.

La única tabla de salvación está dada por los libros que Ryan descubre en la biblioteca, y que lee a escondidas de su padre: D. H. Lawrence, Huxley, Dos Passos, Sherwood Anderson, Hemingway...

Sin duda, el lector de EL Manuscrito de un Loco también quedará subyugado, como Ryan, ante un libro que le permitirá, al igual que al protagonista, entenderse mejor a sí mismo y al mundo que nos rodea.