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Gerardo Prieto Madrazo

Los relámpagos iluminaban la oscuridad del río pero no llovía y el engendro del oficial parecía navegar lento pero seguro. Atravesaron la Tudela y la Yasa Agustina sin novedad. Famino iba en el centro de la balsa. A veces se ponía nervioso, cuando veía un tronco atravesado o algún cadáver flotando, y coceaba un poco. Cruza se creía la protagonista de un crucero de lujo y miraba a estribor y a babor sentada en una chair, como una madame de alcurnia, fumando unos habanos que había encontrado en la bodega, para sustituir al vino pues el capitán había prohibido el alcohol a bordo.