Aquí a guerrear. Pero sin llegar a las manos.
|
Más vale tarde que nunca. Por favor, que nadie se enfade con mis comentarios. Si no sirven para alegrar el día ni para mejorar, que tampoco sirvan para disgustar. ¡Ahí queda la cosa! (Nota:6) : Cuando un relato tiene ese aire, ese ambiente de España en blanco y negro, de Berlanga y Saura, incluso de serie de televisión de los años del VHF, tiene ganado merito suficiente para alcanzar el aprobado. Pero para llegar al notable tenía que habérselo tomado un poquito más en serio su propio autor. Parece que el título es un manifiesto de intenciones: ahí os lo dejo. Como un breve ensayo. Ensayo que está correctamente escrito, logrados los diálogos y el decorado (nos imaginamos a los personajes con facilidad, los vemos en el bar del pueblo). El final podría simplificarse y creo yo que no quedaría perjudicado el relato, y quedarían todos tan contentos en Zarzamora. Propongo acabar de este modo: "Tras un abrumador recuento de papeletas, y por un apretado y escaso margen de votos, resultó ganadora la propuesta que defendía la denominación de «zarzamorenses». El concejal publicó inmediatamente una ordenanza donde daba cuenta del resultado de estas votaciones."
La guerra del millón de muertos (Nota: 7): En la línea de calidad aceptable de esta edición, pero tiene algunas cosillas mejorables. Esos nombres acabados en "ico" no me acaban de gustar. Vale que para dar un aire "maño" o "aragones" queda bien acabar los nombres con "ico" o "ica" (se lo pregunten, si no, a la misma "Pilarica"). Pero los Nico y Javico del relato podrían ser muy bien el Andresico, el Javierico, el Tomasico o el Nicolásico. Diría yo incluso que no es necesario el "ico", pues tengo buenos amigos en Zaragoza que se llaman Pepe y Paco. Y son maños genuinos, de verdad. El relato mercería un final distinto. Propongo que se separen y se vaya cada uno por su lado. Tal vez más adelante, puedan re encontrarse y dar pie a una segunda parte. Puede que pocos años después, Nico, al haber ido a la guerra muy joven le reenganchan para hacer la mili, y una noche, vigilando en un puesto, le aparece entre las sombras Javico, hecho todo un maqui, y le convence y pasan los dos por los pirineos y se van al exilio. Llegados a Francia, caen en manos de los alemanes, que la han ocupado. Los detienen y los envían a España en un ferrocarril de prisioneros, para entregarlos a los fascistas de Franco. El tren sufre una avería y aprovechan para fugarse de nuevo... y acaban años después en Sudamérica, o en la legión extranjera. Vamos, por ideas que no quede.
Botón rojo (Nota:7): Otro aceptable relato. Lo de la conjunción equinoccial y su interferencia en el satélite me parece poco verosímil. Pero estamos hablando de un relato de ficción. De modo que podemos decir que "si non e vero, e ben trovato". La escena del pasado me resulta confusa, algo complicada de seguir, y posiblemente podría transmitir la misma tensión con menos detalles y menos palabras. Petrov es un coronel, por lo tanto no se reuniría con los "otros" oficiales, sino con "los oficiales a su cargo". Su actuación me parece impecable, solicita confirmación visual, pide lecturas de radares, apura hasta el fin antes de dar una orden que podría tener resultados fatales. Finalmente comunica, correctamente, una falla del sistema de vigilancia exterior basado en satélites. Yo creo que de haber ocurrido como nos lo cuenta le habrían considerado un héroe.
Yihad (Nota:7.5): Tiene cosas a favor y cosas en contra. Valorándolo en su conjunto está en tema, está bien narrado, usa bien el lenguaje, y nos habla de algo de plena actualidad. Pero, y quizás ese sea su único problema, no explica nada que no supiésemos previamente. Cualquiera puede haber imaginado en las pasadas semanas que las cosas han ido más o menos de ese modo. Ahora soy yo el que no sé si me explico... Pero por su manera de abordar el tema, por su realismo, por el lenguaje que emplea, y por su mensaje de condena claro y contundente de los islamistas de Boko Haram y su conducta despreciable y odiosa, merecía el notable y un poquito más. Cuando te vas... (Nota 6.5) : El problema de este relato es que no lo sitúo. Me habla de metralleta, de escaleras, de fuego, de combate, de una chica muy peculiar, de un soldado herido tumbado en un catre. Muy buenos materiales para un relato más largo y que ofrezca mayor información contextual. Liberado del corsé de las 1700 palabras hay aquí un conjunto de mimbres que por fuerza darán un bello cesto. Hay amor, hay heroísmo, hay dolor, hay ausencia, hay guerra, hay crueldad, hay desengaño, hay fatalismo... Estoy de acuerdo con lo que se ha dicho del diálogo de los soldados. Con las dos primeras líneas basta para que él comprenda que ella cayó prisionera y piense que, si habló, fue porque la torturaron. Yo hubiese preferido que Ekron, tumbado malherido en el lecho, hubiese oído las frases en la escalera por la que suben los asaltantes y tomando con fuerza el fúsil que descansaba a su lado apoyado en la pared, les hubiese recibido a tiros. El primer asaltante, tal vez también el segundo, habrían muerto, pero detrás habrían llegado otros, y al recibir los múltiples impactos de bala que acabarían con su vida, Ekron recordaría a Thara un momento, y pensaría que él también iba a morir. Y su último pensamiento sería, tal y como en el relato, que ya nada le importaba.
El asalto (Nota 7): Alguien ha señalado lo inoportunas que son las últimas siete palabras de este relato. Estoy de acuerdo. A mí me basta con saber que se lo estaba contando a un hijo o una hija. De hecho lo deja claro a mitad del relato cuando dice "Gritó tu madre.". Pero la frase final es totalmente gratuita. ¿Desgraciada historia de amor? Esa sería otra historia, y de ella nada nos cuenta el relato. Tal vez lo fue. Pero si lo fue, la hija o el hijo bien que lo saben. Aunque a él o ella pueda decírselo de ese modo, creo que al lector le sobra.
En dos (Nota 6.5): Aprobado, pero poco más. El contexto es importante. Y aquí hay que hacer demasiadas concesiones. Faltan datos, vamos. Por eso creo que cuesta aceptar esa historia, creérsela, y sobre todo situarla en un contexto. Nada que decir del lenguaje, de los pensamientos, del diálogo, pero están ahí de modo inconexo. ¿Qué es la medalla? ¿Es una condecoración? El casco es del enemigo. Vale, ella comprende que un tiro en la cabeza mató a su... ¿amante? La medalla se supone que permite identificarlo. Matan a un enemigo y este lleva una medalla. ¿Por eso han de buscar una traidora entre sus filas? Ellos saben más que nosotros. Por lo tanto: otra historia que ganaría, seguro, sin el corsé de las 1700 palabras.
Las tinieblas del corazón (Nota 6.5) : Vamos a ver, ese programa denuncia de la televisión va por un lado, y la vida de esa familia va por otro. Pero es que los fragmentos de vida familiar intercalados entre los párrafos en cursiva podrían haber sido cualquier otra cosa. Pero si se ha escogido ese escenario para situar en él el televisor, hay que pensar que es poco probable que se fijen en lo que dice la tele, seguramente al estar en la mesa y preparados para cenar alguien bajará el volumen. Incluso es posible que cambien de canal, o incluso que paren la caja tonta. En definitiva, aunque está bien escrito, a mí el que me expliquen dos historias y me las mezclen no me acaba de convencer. |
|
Me faltaba el tercer "5"... El juez Gastón. Me gusta: Su originalidad en cuanto a tema y tratamiento del mismo, con ese aire de intriga, tan cinematográfico. La historia puede dar mucho de sí. No me gusta: La sensación, desde el principio, de que la narración no es un relato en sí misma, sino un extracto arrancado de una historia más larga. Además la argumentación en los diálogos y fuera de ellos, me resulta algo excesiva y un tanto repetitiva. La última "escena" contribuye bastante a esa sensación de que la historia continúa y no nos la cuentan, además de que no resulta muy creíble: ¿el juez, flagelo del narcotráfico, tomándose una copa en un lugar público con el "capo más buscado" del país? ¿el narco admitiendo abiertamente que lo es sin que nadie le haya acusado explícitamente? Esa escena tiene muchas posibilidades, pero reescrita y en un relato mucho más largo. Le sobra: Corrección política y "encorsetamiento". No me creo que unos amigos, tan amigos como dicen ser, se traten con esa fría cordialidad, por muy jueces y fiscales que sean, ni que dejen su discusión tan en la superficie. Y por supuesto también sobra el encuentro Gastón-Kerhabán en este relato, que no en el largo... Le falta: Fluidez y naturalidad. Me parece que por esta edición, no me da para comentar más... |
|
En dos No me gusta el título: no le encuentro sentido. Reconozco, y su autor también lo hará, que el tono de la narración es bastante afectado. Creo recordar que alguien lo llegó a tildar de "sobreactuado" o algo así. El caso es que a mí, particularmente,me atrae esta forma de narrar y eso es muy respetable. Tanto, como la opinión de quien lo haya infravalorado por esta misma razón. Es posible que la narración en tercera persona no sea la apropiada con el tono escogido, porque no se entiende ése grado de aflicción. El narrador, parecía un personaje de la propia historia, ya que parecía sentir como si «la vida le fuera en ello». Sugeriría relatar la historia en primera persona o rebajar la afectación; quiza extendiendo los diálogos y dejando que los personajes nos cuenten ellos mismos la historia. Me encantan muchos de los tropos y figuras retóricas que contiene este relato. En este sentido, me parece que el autor lo ha trabajado a conciencia y que se ha esmerado en escoger cada una de las palabras que utiliza. Enhorabuena. Tarde, perocumplí.
|