Esta vez tomaré como claves nombres de autonomías dentro del Estado español, sin ánimo de causar polémica. Si alguien entiende que son países, muy bien, si queremos discutir sobre el derecho a decidir, estupendo.
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Enhorabuena, Sacra, por tu micro. Sé que estas atareada, que Melpómene y Talía reclaman tu tiempo, pero espero que acudas por aquí de vez en cuando, como has hecho en esta ocasión. Gracias a todos, sinceramente, por seguir por aquí manteniendo este pequeño taller de micro relatos en el foro de Bubok. Somos como aquel pequeño grupo de galos que, en aquel rincón al noroeste de la Galia, resistían a la legiones romanas. Sólo que nosotros resistimos al aburrimiento, la rutina, el cansancio, la desgana, el agotamiento, o incluso la desilusión. Y disculpad el retraso, pues entre el siglo XIX y otras tareas en lo literario y algunas cosa más en la vida cotidiana y en lo laboral, por no variar ando justo de tiempo. � Los dos primeros micros (Cuando no quedan palabras y Despedida) hablan de situaciones distintas en el espacio pero parecidas en lo sentimental. Esas situaciones finales, el adiós definitivo, en el que ya nada decimos pues sabemos que ni queda nada más por decir, ni que nada que dijésemos cambiaría el cruel destino de solitarios que, de momento, se avecina en nuestras vidas. Aunque para un observador ajeno a las vidas de los personajes son meros incidentes vitales, están bellamente narrados y son totalmente descriptivos. � El micro del partido de fútbol, suponemos que de la final, es una pequeña broma, simpática y oportuna. Y aunque lo del silencio está un poco como metido a empujones, en conjunto es un buen micro, divertido. � El encuentro entre Ester y Raúl tiene un pequeño inconveniente. No me queda claro lo que estaba ocurriendo al principio. Por el contrario, parece que está muy claro, con ese final apasionado y romántico, lo que sucederá a continuación. � El metro gris me pareció un buen micro, sobre algo que los urbanitas vivimos a menudo. Tiene la gracia de que nos permite con curiosidad hurgar en la mente de un extraño pasajero, que me hizo pensar en el tema de un taller en el que participaba en aquellos momentos en otros sitio, sobre los filósofos. Este micro nos muestra los pensamientos de una persona que ve al típico músico pedigüeño del metro con otros ojos. Y es capaz de verle algo positivo a la vida del pobre músico: decide libremente bajar cuando quiere. � Otro pequeño divertimento lo tenemos en ese micro de la sierra radial. Entendemos, o suponemos, de que va la cosa. Pero no queda claro. Podríamos pensar que ella le ayuda recurriendo al sacrificio de liarse con el jefe de la obra, y así tendrán algún dinerillo con lo que gane ella, a cambio de que ella consienta alguna cosilla al jefe. Pero en ese caso, ¿a qué viene lo del juzgado? Porque si lo que ha de llegar es una notificación de solicitud de divorcio, resulta incluso cruel que le diga "Tranquilo, Manolo". � No hay tiempo para más. |