Apelo a vuestra valentía de escritores o a vuestra curiosidad de lector. Os advierto que aquí no valen frivolidades ni finales fáciles. Os invito a que vayamos a una estancia profunda y tenebrosa de la mente humana. Que nos sumerjamos en un comportamiento sexual tan increíblemente intenso como adictivo. Sólo el pudor o el miedo puede impediros hablar en serio de sadomasoquismo y ninguna de las dos cosas son dignas de un amante del arte de escribir. Hablemos de Sado amigos.
|
VEINTE. -Dos cosas; la primera; vamos a pactar una palabra que si es pronunciada por ti, al instante, provocará que pongamos fin a esta sesión y que yo, sin decir nada, me marche. Sin enfados, sin reproches, sin explicaciones. Simplemente sucederá así y ya hablaremos de ello mañana. Fin de los azotes, del dolor, de la relación sexual y de todo. Fin. Te aseguro que cuando sucede es mejor irse así, en silencio, y que tú, simplemente, veas como me voy sin decir más nada. La palabra es "fugu". Repítela. -Fugu. -Bien. Está tan fuera de contexto de lo que estamos haciendo tú y yo, aquí, esta mañana, en tu casa, que es absolutamente imposible que la pronuncies accidentalmente. Como veo que es tu primera sesión de sadomasoquismo, por favor, confirmame que has entendido perfectamente lo de la palabra pactada. -Sí. Lo he entendido. -Segundo; tráeme dos palos de escoba y todas las cuerdas que tengas. Voy a ayudarte un poco a soportar el castigo inmovilizándote, y ahora escúchame bien; te voy a llamar puta o perra o guarra ¿Cuál de los tres insultos te parece más desagradable? -Guarra. -Pues entonces te voy a llamar guarra. Y observa otra cosa. El escritor se irguió, se bajó la cremallera de la bragueta y se sacó la polla. La tenía medio dura. Shiguemi, que frente a él, mantenía la barbilla casi apoyada en el respaldo del sofá, sintió cómo su amigo la cogía por los pelos y dando un caderazo hacia delante, la introdujo de un golpe el pene en la boca. Ella reaccionó de inmediato chupándosela y sorbiéndosela todo lo que pudo, pero sólo duró medio minuto, José Andrés se la sacó, y ya dura, brillante y tiesa, volvió a guardársela cerrando la cremallera de nuevo. Se agachó entonces para volver a hablarle con el rostro pegado a su cara. -No puedes premiarme con chupármela si dejo de azotarte; me la chuparás cuando yo quiera, antes y después de castigarte, guarra, y te daré por el culo y luego tú misma me limpiarás la polla de tus rastros de mierda con la lengua. Da las gracias. -Gracias. -Llámame amo. -Amo. Plaf. El escritor respondió a aquello dándola una pequeña bofetada que dejó a su amiga absolutamente confusa y muy sorprendida. La mejilla no le había dolido tanto, pero el bofetón la había dejado boquiabierta y con los ojos como platos. -No se dice "amo" a secas, guarra.- Plaf. Otra bofetada.- Porque tú me respondes, no me llamas, y siempre me respondes lo mismo, guarra; "sí mi amo". Repite. -Sí mi amo. -Pronto te acostumbrarás, es cuestión de adiestramiento. Ahora ve a por las cuerdas y los palos. -Sí mi amo. Cuando la japonesa se levantó el escritor ocupó su lugar en el sofá, pero cómodamente sentado, y antes de que su amiga saliese del salón, la llamó: -Guarra. -¿Sí mi amo? -Yo me voy a quedar aquí esperando y como vas a estar un rato sola buscando esas cosillas, quiero que te lo pienses muy bien y que tomes una decisión adulta. -Sí mi amo. -Aunque puedes decirla en cualquier momento, y sucederá lo que ya te he explicado, al regresar, quiero que hagas una de estas dos cosas, y sólo una; o que pronuncies la palabra pactada, o que dejes los palos y la cuerda a mis pies y comiences a lamerme los zapatos. |
|
VEINTIUNO. En el salón-cuarto de estar de Shiguemi el sofá estaba en el medio, es decir, que no estaba pegado a ninguna pared. Por eso, al arrodillarse la japonesa sobre los almohadones de asiento y apoyar los brazos en el respaldo, José Andrés podía ponerse delante o detrás de ella sólo con ir de un lado a otro. Los tobillos de Shiguemi estaban atados a los extremos de uno de los dos palos de escoba, manteniéndola las piernas muy abiertas; estaba otra vez de rodillas sobre el asiento central del sofá, esta vez, completamente desnuda. El segundo palo lo tenía en la espalda, sus brazos también, amarrados los codos al palo y las manos un poco levantadas porque su amigo le había atado los dos pulgares, en tensión, al centro de ese mismo palo. De esa manera, lo que apoyaba en esta ocasión sobre el respaldo del sofá, eran las tetas. José Andrés también estaba desnudo. De pie, se había puesto detrás del sofá, es decir, delante de la cara de Shiguemi, y de hecho, cogiéndola del pelo, la levantaba el rostro para mirarla a los ojos mientras la hablaba. -El hecho de que no me hayas contestado todavía no significa que no puedas hacerlo en cualquier momento. Te lo repito y quiero que escuches atentamente porque es importante; puedes pronunciar la palabra pactada cuando quieras, con absoluta libertad, y si lo haces, al instante, te liberaré de tus ataduras y todo habrá terminado ¿Has entendido? La japonesa le sostenía la mirada, le empezaron a temblar un poco los labios y se le llenaron los ojos de lágrimas, pero no dijo nada. El escritor la soltó del pelo, le comenzó a acariciar las mejillas con las manos y se agachó para besarla los labios. Le daba besos sin lengua mientras la continuaba hablando. -No te preocupes, son los nervios; esta situación es completamente nueva para ti y tienes un montón de sentimientos contradictorios; pero no intentes racionalizar, simplemente, déjate llevar por tus deseos. Por el deseo. Y si te hace falta , llora, desahógate preciosa.- Y conforme estaba la rodeó con su brazos. Shiguemi rompió en un llanto contenido y susurrante, e hundió el rostro en el pecho de su amigo, pero sólo estuvo así unos segundos, enseguida se calló, levantó la cara y buscó con sus labios los labios de José Andrés. Ella sí que le metió la lengua. El morreo entre ambos duró bastante más. -¿Dónde has dejado el cinturón?- José Andrés se levantó de improviso dejando a la japonesa con la lengua fuera, además, su polla, dura, la golpeó en la cara, y ella, sin perder una fracción de segundo, aprovechando la casualidad, con un certero movimiento de cuello, se metió el pene del escritor en la boca. -No te he dado permiso para chupármela, guarra. La aludida levantó un poco la vista, mirándole entre sorprendida y atemorizada, pero sin dejar de chupar. -Voy a tener que castigarte por esto. Nada. Le seguía mirando y chupándosela. |
|
cita de salazar
VEINTIUNO.
.
En el salón-cuarto de estar de Shiguemi el sofá estaba en el medio, es decir, que no estaba pegado a ninguna pared. Por eso, al arrodillarse la japonesa sobre los almohadones de asiento y apoyar los brazos en el respaldo, José Andrés podía ponerse delante o detrás de ella sólo con ir de un lado a otro. Los tobillos de Shiguemi estaban atados a los extremos de uno de los dos palos de escoba, manteniéndola las piernas muy abiertas; estaba otra vez de rodillas sobre el asiento central del sofá, esta vez, completamente desnuda. El segundo palo lo tenía en la espalda, sus brazos también, amarrados los codos al palo y las manos un poco levantadas porque su amigo le había atado los dos pulgares, en tensión, al centro de ese mismo palo. De esa manera, lo que apoyaba en esta ocasión sobre el respaldo del sofá, eran las tetas. José Andrés también estaba desnudo. De pie, se había puesto detrás del sofá, es decir, delante de la cara de Shiguemi, y de hecho, cogiéndola del pelo, la levantaba el rostro para mirarla a los ojos mientras la hablaba. -El hecho de que no me hayas contestado todavía no significa que no puedas hacerlo en cualquier momento. Te lo repito y quiero que escuches atentamente porque es importante; puedes pronunciar la palabra pactada cuando quieras, con absoluta libertad, y si lo haces, al instante, te liberaré de tus ataduras y todo habrá terminado ¿Has entendido? La japonesa le sostenía la mirada, le empezaron a temblar un poco los labios y se le llenaron los ojos de lágrimas, pero no dijo nada. El escritor la soltó del pelo, le comenzó a acariciar las mejillas con las manos y se agachó para besarla los labios. Le daba besos sin lengua mientras la continuaba hablando. -No te preocupes, son los nervios; esta situación es completamente nueva para ti y tienes un montón de sentimientos contradictorios; pero no intentes racionalizar, simplemente, déjate llevar por tus deseos. Por el deseo. Y si te hace falta , llora, desahógate preciosa.- Y conforme estaba la rodeó con su brazos. Shiguemi rompió en un llanto contenido y susurrante, e hundió el rostro en el pecho de su amigo, pero sólo estuvo así unos segundos, enseguida se calló, levantó la cara y buscó con sus labios los labios de José Andrés. Ella sí que le metió la lengua. El morreo entre ambos duró bastante más. -¿Dónde has dejado el cinturón?- José Andrés se levantó de improviso dejando a la japonesa con la lengua fuera, además, su polla, dura, la golpeó en la cara, y ella, sin perder una fracción de segundo, aprovechando la casualidad, con un certero movimiento de cuello, se metió el pene del escritor en la boca. -No te he dado permiso para chupármela, guarra. La aludida levantó un poco la vista, mirándole entre sorprendida y atemorizada, pero sin dejar de chupar. -Voy a tener que castigarte por esto. Nada. Le seguía mirando y chupándosela. |
|
VEINTIDÓS. El escritor se dejó hacer un rato mientras se masajeaba la muñeca con la mano derecha, ya había visto el cinturón, estaba tirado frente a él en una esquina. Al cabo de unos minutos fue a recogerlo del suelo y volvió a dejar a Shiguemi con la boca abierta y la lengua fuera. Se puso detrás de su amiga, agarrando bien el cinturón y contemplando embelesado su culito; maravillosamente rasurado, delicioso y perfecto. El significado comunicativo del silencio, en la conversación, y los lloriqueos teatrales femeninos durante la penetración, son dos cosas muy particularmente japonesas. Y quizás, demasiado distantes culturalmente con respecto a la mentalidad occidental como para ser bien entendidas a la primera. Pero José Andrés partía con la ventaja de haber tenido a Shiguemi como amiga durante los últimos quince años, y a pesar de los distanciado en el tiempo de sus encuentros, habían sido lo suficientemente numerosos como para aprender algo sobre la auténtica perspectiva japo. La jerarquización factual, la posición que ocupa cada uno de los participantes en el diálogo, no sólo empaña el lenguaje, en japonés, es un hecho que modula y ordena todo lo que se dice de una manera muy estricta, y dentro de ese escenario, el silencio, mantenerse callado cuando desde una posición superior se te dice algo y no tienes claro qué contestar, el no decir nada, y continuar prestando la misma atención gestual, es absolutamente relevante. Y lo de lanzar grititos en clave de sollozos un poco sobreactuados también pudo comprobarlo José Andrés a continuación. Cogiéndola de la cadera con la mano izquierda, que tenía libre, se la metió hasta el fondo de una sola embestida y ella reaccionó con los mencionados gemidos. Es un atrezzo performativo cuyo origen probablemente se pierde en la noche de los tiempos de la cultura japonesa, pero en su ámbito, en universal e imprescindible; siempre se hace, ya sea varón o hembra, la persona que es penetrada. Y carente, paradójicamente para los ojos occidentales, de cualquier significado de disgusto, el lloriquear y poner cierta cara de dolor y angustia, es un valor añadido más del ambiente de excitación sexual. Japonés. Y por sus pucheros exagerados Shiguemi estaba disfrutando. El escritor estuvo metiendo y sacando, disfrutando de aquel culito, al menos diez minutos; cuando le sacó la polla definitivamente de la, ahora mojada, raja, se puso en posición y calibrando bien el golpe, le lanzó un azote con el cinturón al medio de las dos nalgas que resonó a petardo de navidad en medio de la noche. Esta vez el sollozo de la japonesa fue real; abrió mucho la boca, gritando y mantenía los ojos intensamente cerrados. Para el gusto del escritor estaba haciendo demasiado ruido y pensó que había que hacer algo. Cogió del suelo el tanga de encaje que su amiga llevaba puesto antes de que la ordenase que se lo quitara, lo hizo una bola y se lo metió en la boca, luego, con un largo trozo de cuerda, se lo amarró dándole varias vueltas a la cabeza. Inmediatamente después le dio un par de bofetadas. -Grita guarra. A Shiguemi se le caían un par de lágrimas por las mejillas y se había puesto roja; agitaba la cabeza y lanzaba gritos en serio, pero se le oía muy poquito por la mordaza. El escritor volvió a pegarla; esta vez fueron tres sonoros bofetones, también en la cara. -Grita más. Echando el cuello hacía delante todo lo que podía y haciendo, lo que parecía ser, un esfuerzo doloroso, la japonesa gritó más y más, hasta toser. Cuando paró, cansada, tenía el rostro empapado en sus propias lágrimas. Bien. Se la oía muy poco. Comprobado. José Andrés dio el tema por resuelto y pasó a otra cosa; echó el brazo hacia delante y, prácticamente, le metió la mano en el coño. Dentro cerró el puño y comenzó a girarlo y girarlo. Aquello dejó muda a Shiguemi que con los ojos como platos se quedó inmóvil como una estatua durante los diez minutos que duró el imprevisto fisting al que le sometió su amigo. -Te quiero salida y calentorra, porque te voy a azotar un poco el culo. Al sacarle la mano del coño la japonesa giró un poco la cabeza como pudo y le lanzó una mirada suplicante; su rostro oriental, desencajado por los llantos, le pareció al escritor increíblemente hermoso. -Estás preciosa.- José Andrés alzaba ya el brazo con el cinturón, a punto de comenzar la tanda y su amiga, horrorizada ante la inminencia del castigo, y ante la imposibilidad de hablar, movía nerviosamente la cabeza diciendo que no. -Guarra. |
|
cita de salazar
VEINTIDÓS.
.
El escritor se dejó hacer un rato mientras se masajeaba la muñeca con la mano derecha, ya había visto el cinturón, estaba tirado frente a él en una esquina. Al cabo de unos minutos fue a recogerlo del suelo y volvió a dejar a Shiguemi con la boca abierta y la lengua fuera. Se puso detrás de su amiga, agarrando bien el cinturón y contemplando embelesado su culito; maravillosamente rasurado, delicioso y perfecto. El significado comunicativo del silencio, en la conversación, y los lloriqueos teatrales femeninos durante la penetración, son dos cosas muy particularmente japonesas. Y quizás, demasiado distantes culturalmente con respecto a la mentalidad occidental como para ser bien entendidas a la primera. Pero José Andrés partía con la ventaja de haber tenido a Shiguemi como amiga durante los últimos quince años, y a pesar de los distanciado en el tiempo de sus encuentros, habían sido lo suficientemente numerosos como para aprender algo sobre la auténtica perspectiva japo. La jerarquización factual, la posición que ocupa cada uno de los participantes en el diálogo, no sólo empaña el lenguaje, en japonés, es un hecho que modula y ordena todo lo que se dice de una manera muy estricta, y dentro de ese escenario, el silencio, mantenerse callado cuando desde una posición superior se te dice algo y no tienes claro qué contestar, el no decir nada, y continuar prestando la misma atención gestual, es absolutamente relevante. Y lo de lanzar grititos en clave de sollozos un poco sobreactuados también pudo comprobarlo José Andrés a continuación. Cogiéndola de la cadera con la mano izquierda, que tenía libre, se la metió hasta el fondo de una sola embestida y ella reaccionó con los mencionados gemidos. Es un atrezzo performativo cuyo origen probablemente se pierde en la noche de los tiempos de la cultura japonesa, pero en su ámbito, en universal e imprescindible; siempre se hace, ya sea varón o hembra, la persona que es penetrada. Y carente, paradójicamente para los ojos occidentales, de cualquier significado de disgusto, el lloriquear y poner cierta cara de dolor y angustia, es un valor añadido más del ambiente de excitación sexual. Japonés. Y por sus pucheros exagerados Shiguemi estaba disfrutando. El escritor estuvo metiendo y sacando, disfrutando de aquel culito, al menos diez minutos; cuando le sacó la polla definitivamente de la, ahora mojada, raja, se puso en posición y calibrando bien el golpe, le lanzó un azote con el cinturón al medio de las dos nalgas que resonó a petardo de navidad en medio de la noche. Esta vez el sollozo de la japonesa fue real; abrió mucho la boca, gritando y mantenía los ojos intensamente cerrados. Para el gusto del escritor estaba haciendo demasiado ruido y pensó que había que hacer algo. Cogió del suelo el tanga de encaje que su amiga llevaba puesto antes de que la ordenase que se lo quitara, lo hizo una bola y se lo metió en la boca, luego, con un largo trozo de cuerda, se lo amarró dándole varias vueltas a la cabeza. Inmediatamente después le dio un par de bofetadas. -Grita guarra. A Shiguemi se le caían un par de lágrimas por las mejillas y se había puesto roja; agitaba la cabeza y lanzaba gritos en serio, pero se le oía muy poquito por la mordaza. El escritor volvió a pegarla; esta vez fueron tres sonoros bofetones, también en la cara. -Grita más. Echando el cuello hacía delante todo lo que podía y haciendo, lo que parecía ser, un esfuerzo doloroso, la japonesa gritó más y más, hasta toser. Cuando paró, cansada, tenía el rostro empapado en sus propias lágrimas. Bien. Se la oía muy poco. Comprobado. José Andrés dio el tema por resuelto y pasó a otra cosa; echó el brazo hacia delante y, prácticamente, le metió la mano en el coño. Dentro cerró el puño y comenzó a girarlo y girarlo. Aquello dejó muda a Shiguemi que con los ojos como platos se quedó inmóvil como una estatua durante los diez minutos que duró el imprevisto fisting al que le sometió su amigo. -Te quiero salida y calentorra, porque te voy a azotar un poco el culo. Al sacarle la mano del coño la japonesa giró un poco la cabeza como pudo y le lanzó una mirada suplicante; su rostro oriental, desencajado por los llantos, le pareció al escritor increíblemente hermoso. -Estás preciosa.- José Andrés alzaba ya el brazo con el cinturón, a punto de comenzar la tanda y su amiga, horrorizada ante la inminencia del castigo, y ante la imposibilidad de hablar, movía nerviosamente la cabeza diciendo que no. -Guarra. |
|
Cómo se puede sentir placer con el sufrimiento del otro? Aunque sea de común acuerdo tambien los perros bien adiestrados aman a sus amos aunque los aporreen. La homosexualidad basada en el amor y el respeto mutuo es loable al igual que la heterosexualidad pero aqui es diferente , una relacion basada en el sufrimento es una tristisima perversión , lo siento Salazar, ya sé que todos se viene ,te van a defender, van a ironisar conmigo pero no puedo callarme lo que pienso, y vos que sos tan a lo Focault. No has comentado los temas más espinosos como el derecho al sucidio o el derecho a las dorgas. Sos revolucionario pero haces gala del intimo sometimiento, cual es tu posicion real? Un abrazo |
|
cita de martaoliveri
Cómo se puede sentir placer con el sufrimiento del otro?
Marta, tu sinceridad, cargada de honestidad, desactiva en mi todo intento de atacarte. Al contrario. Me gustas. Pero es una ingenuidad peligrosamente tópica creer que todo lo sexual es consecuencia del amor y de la delicadeza, o peor aún, que para ser bueno o respetable, debe serlo. El trato amoroso y delicado es uno de los cientos de escenarios performativos posibles para follar y como el sabor de las manzanas absolutamente inexplicable el por qué con relación a otras frutas a unos cuantos en concreto les gusta más. Hablas del derecho a morir y de drogas pero no tengo nada que decir al respecto porque antes de llegar a discursos tan serios, humildemente, en mi interior, ya los dejé resueltos. Amo la libertad individual. Y la amo y la defiendo en serio. No pretendo que me guste lo que hacen los demás, y si me permites el comentario atrevido, tampoco deseo que me excite tu particular manera de practicar el sexo. Sólo me preocupa al respecto que tú, Marta, y todos los demás, puedan follar en serio, puedan morir cuando el peso de la angustia asfixie sus anhelos y puedan tomar drogas si deciden hacerlo. Sin más. Un primitivismo sencillo y seminal ilumina mi existencia en estos momentos y lo último que me quiero preguntar es cómo es posible que alguien sienta placer por ésto o por aquello. No. Hay que detenerse antes. Basta con que sienta placer quien quiera tenerlo.
Aunque sea de común acuerdo tambien los perros bien adiestrados aman a sus amos aunque los aporreen. La homosexualidad basada en el amor y el respeto mutuo es loable al igual que la heterosexualidad pero aqui es diferente , una relacion basada en el sufrimento es una tristisima perversión , lo siento Salazar, ya sé que todos se viene ,te van a defender, van a ironisar conmigo pero no puedo callarme lo que pienso, y vos que sos tan a lo Focault. No has comentado los temas más espinosos como el derecho al sucidio o el derecho a las dorgas. Sos revolucionario pero haces gala del intimo sometimiento, cual es tu posicion real? Un abrazo |
|
VEINTITRÉS. El primer golpe volvió a sonar a petardo preñado de ecos, y luego, sin interrupción, siguieron una veintena más. Fiu. Corte del aire y zas. Fiu. Zas. Fiu. Zas. Las nalgas, completamente rojas ahora, no dejaban de temblar. El escritor se sentó al lado de su amiga arrodillada e inmovilizada con los palos y las cuerdas en el sofá, y mientras la observaba con calma el culo, martirizado, lo acariciaba. Estaba satisfecho. Se lo había dejado como un auténtico tomate. Ya no era teatralidad erótica cultural, Shiguemi estaba llorando en serio, como un auténtico bebé desconsolado. -¿Sabes lo que pasa? Que si ahora te libero la boca existen muchas posibilidades de que digas la palabra pactada, y entonces, se me acaba la diversión. Justamente ahora que estaba empezando a disfrutar. Y no sería justo ¿Verdad guarra? El escritor la había cogido del pelo y la hablaba prácticamente pegándola los ojos a los suyos; ella, con expresión alucinada, seguía diciendo que no con la cabeza una y otra vez. -Pero no te preocupes. Yo te voy a dejar hablar, dentro de un rato.- Y teniéndola del pelo como la tenía, la echó hacia atrás. Así quedaba con los pechos expuestos; él la sujetaba de la cabeza con la mano izquierda, para que mantuviera la espalda erguida y levantó el brazo del cinturón apuntándoselo a las tetas. -Guarra. Los azotes que la lanzó sobre los pechos fueron tan consecutivos que sonaron como las metralletas de las películas de gángsters. Y sin más, bajó un poco y también le azotó la barriga y por debajo del ombligo; esa zona sonaba a hueco y quedaban marcas moradas. Y para finalizar las caras delanteras de los muslos de sus piernas dobladas; allí dio los azotes en serio, muy fuerte, para que dolieran. Fueron treinta, eso sí, más despacio y lineales, para que el impacto abarcara por igual los dos muslos. Cuando por fin terminó tiró el cinturón a la misma esquina del suelo donde lo había cogido, volvió a poner a su amiga apoyándose con las tetas en el respaldo del sofá y se levantó. De pie, frente a ella, comenzó a desanudar las cuerdas que la amordazaban la boca, mientras su polla, durísima ahora, la daba golpecitos en la mejilla. -Ya me he divertido bastante, ahora te voy a quitar esto y podrás decir lo que quieras. Shiguemi, al oír aquello, con expresión muy aliviada, decía que si con la cabeza. -Quieta guarra. No te muevas. Se quedó entonces quietecita como una estatua hasta que por fin le quitó las cuerdas y le sacó el tanga empapado en saliva; antes de nada, libre ya de la boca, respiró hondo, varias veces. -¿Estas bien? Otra vez dijo que si con la cabeza, aunque ya podía hablar. -¿Tienes algo que decir? ¿Guarra? De nuevo un sí gestual; en sus ojos había una inocencia angelical. Estaba preciosa. -Pues habla. -Sólo quiero dar las gracias y suplicarte que me dejes chuparte la polla.- Pero tenía el pene del escritor tan pegado a su cara y bamboleante, que no esperó la respuesta y comenzó a hacerlo sin más. |
| Salazar : No puedo creer que un hombre que habla de las libertades individuales, y se conmueve con los movimientos revolucionarios, pueda escribir semejante apologia de la sumisión el maltrato, la vejación y la crueldad y no desde un angulo critico o al menos con la complejidad propia de lo que esta crueldad, que llamas tendencia, implica.Es una pena que no solo no te importe sino que aca te apoyen y concientan en que esto es parte de la naturaleza humana |
|
cita de martaoliveri
Cómo se puede sentir placer con el sufrimiento del otro?
Aunque sea de común acuerdo tambien los perros bien adiestrados aman a sus amos aunque los aporreen. La homosexualidad basada en el amor y el respeto mutuo es loable al igual que la heterosexualidad pero aqui es diferente , una relacion basada en el sufrimento es una tristisima perversión , lo siento Salazar, ya sé que todos se viene ,te van a defender, van a ironisar conmigo pero no puedo callarme lo que pienso, y vos que sos tan a lo Focault. No has comentado los temas más espinosos como el derecho al sucidio o el derecho a las dorgas. Sos revolucionario pero haces gala del intimo sometimiento, cual es tu posicion real? Un abrazo Muy interesante todo. El espacio que se abre, las cosas que se escriben, la libertad, bah. Diré: como mujer, en la vida real y bajo los focos habituales del mundo, me gusta que me traten como una reina y no me gusta tener miedo y sentirme trapo de piso. Pero, hay más. En más de una oportunidad he sentido que la violencia, el dominio masculino, incluso lo que fuera de la cama podría llamarse mal trato o índignidad, en situación erótica resultó incluso para mi propia sorpresa, fuente de exitación, de orgasmo y de plenitud inesperada. Es más, creo que está en el tapete constantemente el tema del maltrato masculino hacia la flor delicada y dulce que es la mujer (hay más sobre este punto pero no ahora-muy largo) y la cosa no termina de cerrrar x que no se habla del lado oscuro del deseo. Entre la violencia machista, el maltrato y el deseo, a veces existe un ingrediente sexual de atracción adrenalínica que las mujeres n o suelen reconocer fuera del lecho, pero que entre amigas íntimas y conversaciones sinceras, haciendo las preguntas necesarias, se reconoce que hay grados de violencia-desamor-maltrato y dominación que a la mujer le gustan, la exitan, la hacen tomar contacto con cosas de las que se habla poco porque se confunden con el tipico maltrato. Tampoco se habla del matrato femenino hacia el varón, que por una cuestión de fueraza física menor, obviamente es de menos dominio a priori. Anoto: son palabras, es un tema espinoso y está de moda el respeto eclesiástico x que hay mucha mierda en el asunto (abusos serios, pedofilia y otros temas muy dolorosos...) Pero yo agradezco a los Salazares su exposición (he leído poco y salteado pero percibo el olor del texto). Y resumo: yo también defiendo los derechos humanos, odio el hambre del mundo y la indignidad esclavizante de unos países sobre otros y sin embargo esta misma yo que opina ha tenido experiencias no buscadas y buscadas en las que me he sentido sexualmente excitada ante situaciones que contadas, me hubieran parecido inpensables. He tenido goce sexual y sensaciones de mucha entrega y amor luego y mezcladas con cosas y formas que viéndolas en frio, contadas por otros o incluso si se repitieran demasiado, habría que denunciar. Y sin embargo, he gozado con ellas, he aprendido de mi, del otro y de la vida. En fin, se me va el día en bubok leyendo y hablando. No imaginaba que publicar un librito abriría tantas ventanas. Gracias por la libertad de unos y otros, ahí está el placer de este foro. En la Historia de O, puede verse algo de lo que intento explicar, aunque no todo. Espero se comprenda el texto, voy rápido e insisto: ABRAN CAFÉ BUBOK.
|
|
cita de salazar
VEINTITRS.
.
El primer golpe volvi a sonar a petardo preado de ecos, y luego, sin interrupcin, siguieron una veintena ms. Fiu. Corte del aire y zas. Fiu. Zas. Fiu. Zas. Las nalgas, completamente rojas ahora, no dejaban de temblar. El escritor se sent al lado de su amiga arrodillada e inmovilizada con los palos y las cuerdas en el sof, y mientras la observaba con calma el culo, martirizado, lo acariciaba. Estaba satisfecho. Se lo haba dejado como un autntico tomate. Ya no era teatralidad ertica cultural, Shiguemi estaba llorando en serio, como un autntico beb desconsolado.
-Sabes lo que pasa? Que si ahora te libero la boca existen muchas posibilidades de que digas la palabra pactada, y entonces, se me acaba la diversin. Justamente ahora que estaba empezando a disfrutar. Y no sera justo Verdad guarra?
El escritor la haba cogido del pelo y la hablaba prcticamentepegndolalos ojos a los suyos; ella, con expresin alucinada, segua diciendo que no con la cabeza una y otra vez.
-Pero no te preocupes. Yo te voy a dejar hablar, dentro de un rato.- Y tenindola del pelo como la tena, la ech hacia atrs. As quedaba con los pechos expuestos; l la sujetaba de la cabeza con la mano izquierda, para que mantuviera la espalda erguida y levant el brazo del cinturn apuntndoselo a las tetas.
-Guarra.
Los azotes que la lanz sobre los pechos fueron tan consecutivos que sonaron como las metralletas de las pelculas de gngsters. Y sin ms, baj un poco y tambin le azot la barriga y por debajo del ombligo; esa zona sonaba a hueco y quedaban marcas moradas. Y para finalizar las caras delanteras de los muslos de sus piernas dobladas; all dio los azotes en serio, muy fuerte, para que dolieran. Fueron treinta, eso s, ms despacio y lineales, para que el impacto abarcara por igual los dos muslos. Cuando por fin termin tir el cinturn a la misma esquina del suelo donde lo haba cogido, volvi a poner a su amiga apoyndose con las tetas en el respaldo del sof y se levant. De pie, frente a ella, comenz a desanudar las cuerdas que la amordazaban la boca, mientras su polla, dursima ahora, la daba golpecitos en la mejilla.
-Ya me he divertido bastante, ahora te voy a quitar esto y podrs decir lo que quieras.
Shiguemi, al or aquello, con expresin muy aliviada, deca que si con la cabeza.
-Quieta guarra. No te muevas.
Se qued entonces quietecita como una estatua hasta que por fin le quit las cuerdas y le sac el tanga empapado en saliva; antes de nada, libre ya de la boca, respir hondo, varias veces.
-Estas bien?
Otra vez dijo que si con la cabeza, aunque ya poda hablar.
-Tienes algo que decir? Guarra?
De nuevo un s gestual; en sus ojos haba una inocencia angelical. Estaba preciosa.
-Pues habla.
-Slo quiero dar las gracias y suplicarte que me dejes chuparte la polla.- Pero tena el pene del escritor tan pegado a su cara ybamboleante, que no esper la respuesta y comenz a hacerlo sin ms.
|
|
VEINTICUATRO. -Cuando se ha nacido chico, y se han llevado pantalones siempre, siempre y siempre, ponerse falda y salir con ella a la calle es algo increblemente excitante. Sobre todo las minis. Recuerdo que la sensacin dedesnudez de cintura para abajo, al principio, me volva loca. Incluso se me pona la polla dura, lo que complicaba an ms la situacin, y eso que la tengo muy pequeita. Bueno, t ya me la has visto verdad Shiguemi?
-Es cierto. Tu pene es muy pequeito. Precioso, pero minsculo.
-Pero ya me he acostumbrado. Incluso a los tacones altsimos que llevo siempre. Eso es cosa de mi amo. Son sus rdenes.
-No te importa que te preste a otra persona?
-Como si fuera una puta?
-Yo no he dicho eso.
-Pero lo has pensado. Dime la verdad.
-S, bueno. Lo he pensado.
-Yo soy su puta. Su perra. Su esclava. Me presta a quien quiere y cuando quiere y yo simplemente obedezco.
-Y fue aqu donde le conociste?
-Y donde me us por primera vez.
-No termino de acostumbrarme a que lo llamis "usar".
-La Sala Satn Te gusta?
-No est mal,aunqueest muy poco iluminada y no hay demasiada gente.
-Esto no es un restaurante como el tuyo. Aqu siempre hay poca luz y muy poco jaleo. Pero al menos dime que es bonito Has visto que techos ms altos? Y todava no te he enseado la sala sadomaso.
-Voy a pedir algo.
-No. Djame a mi. Est en la barra la misma mujer que estaba cuando qued con Andrs en aquella primera cita, pero no me ha reconocido. En esa ocasin todava iba vestida de chico y como ahora voy de tan mujer...
-Y tan bonita.
-Gracias Gin tonic otra vez?
Shiguemi respondi con una sonrisa y Agustn se levant, enfundada en su vestido negro ceido y muy abierto por la espalda. Estaba soberbia. Flotaba sobre los tacones, que dibujaban sus arqueadas piernas y trazaba pinceladas en el aire con su melena. Sonri a la mujer seductoramente, la cogi de la mano y comenz a decirla algo; de repente, la mujer de la barra abri mucho los ojos. Por la expresin de alegre sorpresa que puso resultaba evidente que acababa de recordar laanteriorvisita de Agustn con su amo. Y para que pudiera observarla mejor Agustn comenz a dar vueltecitas y a poner posturitas de modelo delante de ella. Finalmente cogi las dos copas que le sirvi la mujer, muy feliz por el descubrimiento, y volvi con la japonesa.
-Si no me equivoco ha pasado ya un ao cmo puede acordarse tan bien de ti?
-Nos hicimos notar.
Agustn se sent y Shiguemi dio un buen trago a su vaso de tubo. Estaban en la mesa del centro, frente a la entrada, como dos autnticas reinas. De hecho, ninguna de la media docena de personas que haba en el local a esa temprana hora de la noche madrilea, las once, dejaba ni un segundo de mirarlas.
-Despus de hablar un rato subimos a la sala de sadomasoquismo.
-Sin ms prembulos?
-El tema es as. Ya lo descubrirs.
-Sigue.
|