El ganador, como ya deberíais saber a estas alturas, es “El consejo de Dédalo”, y su autor no necesita presentación. (Ahora es cuando aparece Pepe Reina con el micrófono):
¡En el número 1, el hombre de los foros, el que no deja a nadie indiferente con sus opiniones, el toro que te puede embestir en cualquier momento, el yoyas de bubok, el amigo de la polémica, cuando hay jaleo en bubok allí que está él, el pentacampeón del concurso de relatos… me estoy refiriendo, por supuesto, a Juan González Mesa, más conocido como Bizarro!
¡Felicidades al vencedor!
Felicidades también a lapoeta por su destacadísimo segundo puesto con “Lo que pasa en verano”. He estado a punto de pasarle el testigo a otra escritora debutante. Veteranos ¡temblad! Y sobre todo, que esto os sirva para no dormiros en los laureles.
Ha sido un placer actuar de Mdc.
Un saludo a todos
(Los nombres en 5 min)
|
cita de R2_D2
La verdad, R2, tengo que reconocer que me han gustado bastante las correciones que has hecho a mi relato. Tomaré nota.
cita de miguelmig
Después de mi primera dosis veraniega de esclusas y cabinas, trato de recuperar el hilo de este pelotón que se me escapa. A ver si para el viernes me he leido las páginas que vais llenando.cita de R2_D2
cita de Ernie
Tu relato al principio me pareció de la Teniente. Suele postear a última hora, con la campana, y es típico de ella la frase larga y rápida. Y tú empiezas así.cita de R2_D2
Parecería feo empezar a comentar sin las pamplinas de rigor. Así que me espero a que acabeis de felicitar.
Gracias, majete. La verdad es que mientras lo escribía me acordé de "Al otro lado del parque" (el de Aribau). Pero pienso que no tienen nada que ver el uno con el otro, salvo el voyeurismo del protagonista.Bienvenido, emartians. Y algunas sorpresas con las autorias. Estaba convencido que Desde lejos era de carlosaribau (lo de los prismáticos, el telescopio, y alguna cosa más). Enhorabuena, Ernie. Ese relato es de los de guardar. Luego, me di cuenta que no podía ser de ella por la distancia que tomabas respecto a los personajes. La Teniente está siempre dentro de la cabeza de su personaje, y en tu relato hay más distancia. Después se lo atribuí a aribau. Me pareció impecable en la ejecución, y con el elemento de suspense, de tensión, muy marcado. Cuando llegaste al final, y mostraste al personaje dubitativo, debatiéndose sobre lo que hacer, también me recordó Al otro lado del parque. También me recordó que en algunas cosas que le he leido a aribau, el personaje se esconde o no sabe que hacer. Quizás lo de atragantarse, ahora a toro pasado, casi como que no lo hubiera escrito aribau. Y aribau no estaba. Qué curioso. Lo que yo no entiendo cómo podéis estar siempre intentando averiguar las autorías de los relatos. A veces da la sensación de que miráis más eso que la calidad literaria, aunque no es así, claro, porque siempre suelen quedar los mejores arriba. Pero no entiendo esta obsesión con las autorías antes de saberlas. Yo leo los relatos pensando en si me gusta lo que leo y en si está bien escrito, sobre todo sin faltas ortográficas, aunque también que tenga sentido Mientras tanto.... disparo a lo que va saliendo. Curiosidad, miguel. Yo disfruto como un enano intentando averiguar de quién es cada cual. Acerté el de bizarro (era fácil. Siempre acierto el de bizarro y el de la teniente, aunque una vez le adjudiqué uno de Onirira), el de lasacra (detalles accesorios), el de daniel (ningún mérito lo reconozco. A daniel lo conozco aunque se disfraze de somormujo). Y patiné la tira con los demás. El tuyo se lo atribuí al pato. Había un punto poético en los niños hablando con los animales, que lo dejaron muy cerca de los puntos. Me trajo tambien un aire al topillo de indiana de ediciones pasadas. A partir de ahora, claro, si veo alguno así de animales, con un punto de sorpresa, te tendré en la lista de posibles autorías. ¿Qué falló en tu relato, en mi opinión, para no darle puntos? Falta de agilidad en la redacción. Me centro en los tres primeros párrafos: "Eran cuatro: dos chicos y dos chicas. Sus nombres eran Pablo, Mauri, Ana y Julia. Tenían entre diez y doce años de edad. Habían salido de casa hacía dos horas, el tiempo que llevaban de caminata por un camino de tierra marrón. Llevaban tres semanas de vacaciones en el pueblo. Vivían en la ciudad y siempre acudían a él con sus familiares a pasar el mes de agosto." Por ejemplo, el primer párrafo lo dejaría así, más corto. Decir "dos chicos y dos chicas" y luego dar los nombres, es redundante: Eran cuatro: Pablo, Mauri, Ana y Julia. Tenían entre diez y doce años de edad. Los dos párrafos siguientes, cambiaría su orden. ¿Motivos? Tratar de llevar al lector, siempre que sea posible, de atrás hacia adelante. Los vaivenes temporales son cambios de dirección: se pierde velocidad. Llevaban tres semanas de vacaciones en el pueblo. Vivían en la ciudad y siempre acudían a él con sus familiares a pasar el mes de agosto. Habían salido de casa hacía dos horas, el tiempo que llevaban de caminata por un camino de tierra marrón. Más cambios. No hace falta informar de que vivían en la ciudad (se puede suponer, ya que pasan las vacaciones en el pueblo). Tampoco hace falta informar de que iban al pueblo con los padres. Se puede suponer también. Llevaban tres semanas de vacaciones en el pueblo. No sé si tú percibes lo mismo que yo entre tu primera redacción y mis propuestas. A mi me salta en seguida una luz cuando leo un texto que utiliza más palabras de las estrictamente necesarias para "codificar" la información que quiere transmitir. El texto me resulta blando, sin fuerza. Aunque esté contando algo muy interesante. Un periodista me enseñó hace mucho tiempo la forma de compactar: repasar el texto varias veces eliminando adjetivos, partículas, suprimiendo frases enteras y compactando las otras. Trabajar para hacer el texto lo más corto posible sin merma de sentido. |
|
Quisiera aclarar unas cosillas acerca de mi relato, porque creo que no se entendieron bien: Mi relato "Los animales de la montaña", lo que es el final, ocurre porque los niños no quieren volver a la rutina. ¿No os ha pasado nunca, cuando estáis de vacaciones? ¿No habéis pensado: ojalá me quedara aquí para siempre, sin ir al cole o sin ir al trabajo? Pues eso les pasa a los chicos: no quieren volver; se lo han pasado tan bien, están en un mundo tan bueno -el de la naturaleza- que no quieren regresar a la ciudad -"la selva de asfalto"- porque en ella todo es más complicado. Siempre se está mejor de vacaciones, y los niños de mi cuento quieren estar siempre de vacaciones, por eso le piden a la hechicera que les convierta en lobos. Sobre que esta historia podría acontecer en cualquier otra época, la verdad, nanai de nanai. Es en verano cuando más tiempo se tiene para desconectar, y por eso es en verano cuando más se pueden dar los casos del no querer volver a la rutina. Y aunque pudiese suceder en otros tiempos vacacionales, no quiere decir que no entre en tema, creo yo. Por otra parte, el resto de las críticas me han hecho ver que mi relato le faltan cosas y le sobran otras. |
|
Mi turno... Sobre mi relato, puntualizar que el protagonista tenia que seguir vivo. Si se muere no podria ver que Jarque ha fallecido. Por eso tenia que escoger (para su desgracia) un metodo de suicidio que no fuera efectivo. |
|
Ante todo, gracias por los votos y por los comentarios. Aquí dejo los míos: Verano (un deseo). El verano nos transforma, realmente es la estación del amor y el deseo. Se habla mucho de la primavera (tiene fama de agitadora) pero es realmente en verano cuando mudamos nuestra piel, cuando nos reencontramos con el deseo, con nuestra pareja (la habitual o una ocasional). De todo eso y más habla este magnífico relato. Es lánguido, tórrido, pausado, caliente; es pasional y perezoso, evocador, onírico, excitante. Es, además, el primero que leo que me habla realmente de verano (el de Lapoeta también, pero un poco menos), y este no es tan sólo un mero marco, lo lleva cosido en cada palabra. Una auténtica gozada. Enhorabuena, señor Eduardo, me quito el sombrero. Esclusas y cabinas. Un buen relato cuya primera mitad es brillante, muy brillante, pero que se desinfla por momentos hasta diluirse en una nada extraña y anodina, en tierra de nadie. Las descripciones de la primera parte son geniales: la salida, el viaje por la autopista, la llega al aeropuerto, la mezcla de descripción y pensamientos, el marco en el que se mueven las vidas de los personajes. Buenísima. Me descoloca la parte del diario de Pedro. Tras una segunda lectura, ya me gusta más pero no acabo de ubicarla. Quizás como descripción de los sentimientos y vivencias de los protagonistas, del cambio de escenario (remarcado con el cambio de narrador), de ese paisaje marciano tan diferente del suelo catalán, del julio que conocemos. Buen relato que, con sólo la primera mitad, ya merece puntos. El consejo de Dédalo. Reflexiones de un escritor a lo largo de parte de su vida, donde siempre se ha relacionado calor (y verano) con escritura (¿es autobiográfico? Quizás). Es un texto lleno de fuerza, de matices precisos que pintan cada escena con detalles certeros, para recrear la atmósfera del momento y cómo el personaje vive su vida. La reflexión final parece demasiado definitiva, aunque el protagonista sólo tiene 34 años. Quizás hubiese estado bien fantasear con su situación pasados los 60 o los 70, por ejemplo. De todos modos, un gran texto. La solución del verano. Según todas las estadísticas, el índice de separaciones aumenta en los meses de verano y posteriores. Ésta podría ser la recreación perfecta de alguna de esas rupturas (algo así como la cara B del cuento de Emartiants). Muestra el distanciamiento, la conformidad de una vida (tal vez) en común y la invisibilidad a la que muchas parejas parecen llegar con los años de convivencia. Es un relato sencillo y que se lee muy bien (como casi todo lo que escribe Lasacra). Quizás es demasiado escueto en cuanto a la manera de narrar; parece, por momentos, una lista de acciones, un resumen. Y, si bien esto le da dinamismo, le hace perder un poco de encanto, le falta “literatura”, narración; explicar y no enumerar. De todos modos, seguro que si la autora se hubiese explayado más, ahora me estaría quejando de que es demasiado largo. Es un buen relato que trata un tema delicado sin estridencias ni complicaciones. La camarera. Sencilla y simple (que no tonta), esta historia entra a la primera, se lee bien y entretiene. La estructura está bien buscada (presente-pasado-presente) y el detalle, al principio y al final, de la pareja (que son la camarera y el primo del protagonista) cierra la trama muy bien, la redondea. Se podría pensar que el relato peca de ingenuo (como su protagonista), pero hay un trasfondo que habla de soledad y desconexión de la realidad, de vivir un poco en las nubes, apartado del mundo, que le da una verosimilitud y una profundidad a la historia que, a simple vista, parece no tener. Lo que pasa en verano. Buen relato, buena historia. La narración me parece un tanto floja en algunos pasajes y, dentro de lo breve que es, se me ha hecho incluso un poco larga. Hay mucha figura poética, frases de cariz casi filosófico que están bien (algunas) pero no acaban de convencerme, no me aportan demasiado e incluso, en algunos momentos, me suenan forzadas. Me gusta el giro final y cómo enlaza la frase final con el título. Quizás si se hubiese centrado más en el hecho en sí del relato (las infidelidades veraniegas, lo que pasa en verano) el texto hubiese ganado más. Los tres. En este relato se conjugan tres elementos tan típicos del verano como son las fiestas de pueblo, la libertad inusual que tienen los niños y, desgraciadamente, los incendios. La idea es buena y el desarrollo también, pero le sobran datos que no aportan nada a la historia, como la mayor parte del primer párrafo o el excesivo recreamiento en el último. Buen relato al que le falta concreción y le sobran algunas líneas. La estación de humillar la cabeza. Tras el primer párrafo, uno puede pensar que está ante una aventura fantástica de corte épico. A medida que avanza la historia, nos damos cuenta de que se está hablando de veranos, de sol, de trabajar en el campo y de echarse la siesta. Si bien lo que se explica está bien (esa especie de religión, real o ficticia, de adoradores del sol que matan a la gente disfrazando sus crímenes de golpes de calor, que dicho así, parece el argumento de Torrente 4) y el lenguaje es rico y está plagado de figuras retóricas que disfrazan y adornan el texto, al final, el excesivo recargamiento hace que la lectura sea difícil y, incluso, cansina, llegando a empacharse uno de tanta parafernalia. Como experimento literario turambiano, está muy conseguido, no hay duda de que el que lo firma, domina las letras. Como relato, creo que se pierde entre tanto fuego de artificio. Good bye, boy. Historia de veteranos del Vietnam ambientada en verano (hasta aquí toda la relación con el tema). Más que un relato, es una colección de tópicos e imágenes de películas e historias de esta temática. Como punto a favor, que se lee bien, es amena y está bien escrita, sin pretensiones ni florituras. De junio a noviembre en Pretoria, de diciembre a mayo en Madrid. Un guiño a todos los títulos de los relatos presentados a este certamen. Bueno, a casi todos, porque yo así, mirándolo “desde lejos”, diría que falta, por lo menos, uno. Aunque es un esfuerzo considerable y tiene un valor añadido, el hecho de tener que meter tantas frases prefabricadas, lastra un tanto la narración. Además, como durante la lectura las vas buscando, esto te distrae de lo que debería ser lo importante: la historia que se nos está explicando, que queda un tanto diluida. No obstante, un aplauso y una reverencia para el señor Piqueras. Calor que arrasa la noche. El recurso de alternar dos historias (una ficticia y otra real donde el protagonista es el autor de la primera) debería tener un sentido, una conexión entre ambas que justifique que se repartan el poco espacio que ocupa este relato. En este caso, no lo he encontrado por ningún lado, y el hecho de repetir la historia entera tres veces, poniendo en negrita la parte que se añade lo único que consigue es ralentizar la poca historia que hay y hacer la lectura más pesada. Por otro lado, la conducta del joven es extraña: se comporta como si estuviese sólo pero hay dos personas más en la casa que no le dicen nada ni siquiera cuando se larga a las dos de la madrugada. Raro, raro. Verano del 97. Esta historia debería ser emotiva, debería transmitir tristeza y rabia, e impotencia. Pero si he llegado a sentir algo de todo eso ha sido porque me ha recordado hechos vividos y emociones sentidas. Posiblemente, quien no vivió aquello tampoco lo vivirá a través de este texto. Todo está explicado de una manera un tanto fría, desapasionada; los diálogos son insustanciales e innecesariamente largos y la narración carece de fuerza aunque baraja ideas y hechos controvertidos y terribles. No es un mal relato, la idea y la intención son buenas, pero no llega a transmitir lo que debería. Las lágrimas de Alfonso. Otra historia trágica explicada desde la distancia, a través de un grueso cristal o como una de esos telefilms de sobremesa en el que todo es tan sentido y triste como falso e impersonal. No he conseguido meterme en el drama del chico, en el dolor y la rabia de los padres. Quizás por culpa de unos diálogos que flojean y carecen de chicha, quizás por una narración demasiado larga y errática. Ni siquiera el detalle del poema final consigue levantar un relato que, con otra perspectiva y mayor concreción, hubiese mejorado mucho. Aquellas tardes. Típico relato de recuerdos de niñez con tragedia incluida. Creo que el tono elegido por el autor para narrar la historia no es el más idóneo: explica el atropello del amigo del protagonista con menos pasión que lo del balcón y la luz verde, como si no fuese nada del otro mundo. Por otro lado, es agónicamente largo, eterno, insustancial, no va a ningún lado. Le falta una buena brújula y le sobran tres cuartas partes de paja. Los animales de la montaña. Lineal sería la palabra que mejor definiría este relato: con el mismo tono explica el paseo por el bosque, las conversaciones con Otis, la hechicera y los animales, y la transformación final (que, sinceramente, no le acabo de encontrar el qué). Tal y como empieza, acaba. No tiene emoción, ni suspense, ni punto álgido, ni final. Nada. Insípido como un plato de lechuga. El día que Jarque murió. Lo primero que pensé cuando acabé este relato es que era una mierda muy grande. ¿Un tío que intenta suicidarse poniéndose una bolsa de plástico en la cabeza? ¿La referencia a una persona real que murió en verano como única conexión con el tema y que encima no tiene nada que ver con la historia (también podría haber sido “El día que Newman murió” y entraría en un certamen de relatos de otoño)? Después me di cuenta que, varias horas más tarde, aún me seguía volviendo el relato a la cabeza y pensé: “pues algo tendrá”. Quizás la candidez (o estupidez) del protagonista sea una manera consciente de llamar la atención del lector, quizás la referencia a Jarque sea una especie de tributo a su persona (torpe, pero tributo). O a lo mejor, vale la expresión aquella de: “la primera impresión es la que cuenta”. Demasiados “quizás” para tomarme este relato muy en serio. |
|
Hola, Ernie dixit: "Calor que arrasa la noche. Quería aclarar las dudas de Ernie. Sobre lo de incluir el párrafo de ficción tres veces... la idea era que el lector fuese viendo la evolución del primer párrafo del relato que escribe el protagonista. Y se me ocurrió ponerlo en negrita, precisamente para que no hubiese que leer el párrafo desde el principio, sino sólo la parte nueva que había escrito. Se trata de un primer párrafo que tarda una noche entera en escribirlo, por eso quise darle importancia. También era una especie de "homenaje" a los primeros párrafos de los relatos. No sé a ustedes, pero a mí es el que más me cuesta escribir. Y sobre lo que dices de que el chico actúa como si estuviese solo... Pues, a ver... el padre y la abuela están en sus habitaciones, y él cree que duermen, por eso avisa de su viaje con la nota en la nevera, no era plan de despertarlos a esas horas. Y, aunque se mueve mucho por la casa, todo lo hace en silencio... por eso se recalca que habla con su novio sin decir palabra y diciéndose cosas al oído, precisamente para no molestar a su familia. Saludos. |
|
cita de R2_D2
Es cierto que mi relato adolece de mala presentación. Un fallo que intentaré corregir en el futuro y por el que pido disculpas, pero me niego a pensar que mi relato "Lo que pasa en verano" hable de "polvos y pajas" con la simplicidad que refieres. Tal vez ese pensamiento pueda surgir de la lectura aturrullada, o de una estructura cerebral llena de arquetipos.
cita de lapoeta
Si hubiera votado el viernes por la mañana, como he hecho muchas veces, tu relato no se hubiera llevado ningún punto de mi parte. Me influyeron tras cosas para desecharte de entrada: postear muy pronto, la mala presentación y finalmente, que comenzaras narrando un polvo en la playa. De verdad, llevamos unas ediciones que yo ya estoy saturado de polvos y pajas, y esta no ha sido mucho mejor.Dejaremos de lado los fallos de formateo, motivados al postear, que se observan en el uso del retorno forzado, y que no tienen valor para la votación. Sin embargo es una historia muy simple, adornada con un lenguaje hinchado aquí y allá de ¿metáforas? forzadas, a veces grandilocuentes, inverosímiles e incluso inadecuadas. He ahí una nueva definición del éxtasis. No me parece que el éxtasis sea el término adecuado para los orgasmos. Aunque tal vez por medio de orgasmos se logre en ocasiones alcanzar el éxtasis. Confundirlos no me gusta. Los voltios miden voltaje, no intensidad. Ni un voto, por supuesto. -------------------------------------- Ante todo gracias por tus comentarios, Piqueras. Sobre todo gracias a los que han visto en mi relato algún destello de belleza. El verano es bello, hermoso, es como una bacanal de los sentidos en la que por un instante nos olvidamos de lo anodino de nuestras vidas comunes. Al menos yo lo veo así y así he intentado transmitirlo. Soy poetisa y a buen seguro que este defecto se dejará ver a menudo en mis relatos, intentaré pulir mi estilo narrativo en futuras ediciones. Enhorabuena Bizarro, magnífico relato.
Pero al ver que iba en cabeza, lo volví a leer. No es que se me hubiera pasado por alto el final: lo capté en la primera lectura. Es que en la segunda entendí que todo lo que precedía al final, servía para éste. En fin, solo comentarte, o más bien comentar para todos, que para algunos lectores lo sexualmente explícito puede distanciar y aburrir, hasta hacer pasar por alto un lenguaje bastante cuidado y elaborado. Todo lo contrario, lo absolutamente contrario, de la penúltima y antepenúltima frase. |
|
Dejaremos de lado los fallos de formateo, motivados al postear, que se observan en el uso del retorno forzado, y que no tienen valor para la votación. Sin embargo es una historia muy simple, adornada con un lenguaje hinchado aquí y allá de ¿metáforas? forzadas, a veces grandilocuentes, inverosímiles e incluso inadecuadas. He ahí una nueva definición del éxtasis. No me parece que el éxtasis sea el término adecuado para los orgasmos. Aunque tal vez por medio de orgasmos se logre en ocasiones alcanzar el éxtasis. Confundirlos no me gusta. Los voltios miden voltaje, no intensidad. Ni un voto, por supuesto. Siempre preferiré dejar la vida en busca de una metáfora hermosa a dejarme llevar por la corriente de lo explícito. En ese punto es imposible convencer al lector poco dispuesto de que observe la belleza de las hojas al caer. Para ti las hojas caen en virtud a proceso biológico irrefutable, para mi las hojas se dejan caer victimas del tedio.
|
|
Tenía por delante un aburrido viaje en avión, un combinado en la mano derecha y un curioso pasajero a mi izquierda. Unos sesenta años, discreto bigote y leonina cabellera blanca. Gafas progresivas. Camisa de cuadros obscura, un fino cárdigan Clavin Klein, pantalón tejano y, como calzado, unos cómodos mocasines de piel. Sostenía un libro en sus manos: "Esclusas y cabinas". Como viese que mi compañero de viaje lo cerraba y lo guardaba en una bolsa que tenía entre los pies, decidí hacerle algún comentario informal. Como ejemple bien puede servir este párrafo de tu relato, Josep. Busca la metáfora o el giro estético y tal vez puedas evitar colocar un adjetivo detrás de cada sustantivo: Discreto bigote... curioso pasajero.... leonina melena... gafas progresivas.... camisa obscura?... fino cardigan....cómodos mocasines.... Denota un estilo literario muy pobre. El lector no necesita que le expliquen cada una de las cosas que suceden alrededor de una historia y mucho menos que la descripción entre hasta en el más minúsculo detalle.
|
|
cita de lapoeta
Entiendo tus deseos y tu búsqueda de la belleza en el lenguaje, y el recurso a palabras y expresiones que tienen un sentido que va más allá de su mera literalidad. Entiendo que te guste buscar bellas metáforas, entiendo que desees que tu texto diga algo más de lo que, por sí solas, las letras y sus breves alianzas, las palabras, dicen. Pero en tu relato hay como párrafo y medio de metáforas acumuladas que considero poco acertadas. Tiene otros aspectos buenos, y su lenguaje es agradable, legible sin esfuerzo, aun en el marco de la indolente pereza del bochorno del verano.Tenía por delante un aburrido viaje en avión, un combinado en la mano derecha y un curioso pasajero a mi izquierda. Unos sesenta años, discreto bigote y leonina cabellera blanca. Gafas progresivas. Camisa de cuadros obscura, un fino cárdigan Clavin Klein, pantalón tejano y, como calzado, unos cómodos mocasines de piel. Sostenía un libro en sus manos: "Esclusas y cabinas". Como viese que mi compañero de viaje lo cerraba y lo guardaba en una bolsa que tenía entre los pies, decidí hacerle algún comentario informal. Como ejemple bien puede servir este párrafo de tu relato, Josep. Busca la metáfora o el giro estético y tal vez puedas evitar colocar un adjetivo detrás de cada sustantivo: Discreto bigote... curioso pasajero.... leonina melena... gafas progresivas.... camisa obscura?... fino cardigan....cómodos mocasines.... Denota un estilo literario muy pobre. El lector no necesita que le expliquen cada una de las cosas que suceden alrededor de una historia y mucho menos que la descripción entre hasta en el más minúsculo detalle.
Insisto, esa experiencia que sólo alcanzan los iniciados, los que han conocido lo divino, esa sacudida de tus más íntimas fibras al ver tu alma desprendida del cuerpo y postrada frente a la divinidad, el éxtasis, no es el orgasmo. Si bien, y dependiendo de las circunstancias, uno puede alcanzar el éxtasis por el camino del orgasmo. Y por otro lado, reconozco que puristas del éxtasis como yo debe haber muy pocos, y la mayoría de tus lectores te aceptarán éxtasis por orgasmo. En cuanto a la belleza de las hojas al caer... depende del momento, del tiempo y del lugar. En ocasiones, con algo de viento, las veo liberarse y emprender un aventurero vuelo que las llevará tal vez muy lejos. Y eso es hermoso. Otras veces, en la ribera, esas hojas dejan a ese viejo árbol que las vio nacer, y se despiden de él alejándose con la corriente a vivir una nueva vida, tal vez camino del mar. Y eso es bello. Y depende también de mi estado de ánimo. En algún momento veo, en la caída de las hojas, un pequeño paso en el círculo de la vida. Esas hojas se unirán al suelo húmedo que les aguarda allá abajo, para fundirse con él, nutrirlo y, de ese modo, ayudar a engendrar nuevos árboles que en futuro dejarán caer otras hojas. Y esos pensamientos me traen sosiego y confianza en la sabia naturaleza, en esa en la que confía también el discreto bosque para perpetuarse. Quiero aprovechar para agradecer a los que habéis comentado alguna cosa sobre mi relato. Gracias por vuestras palabras. Deduzco que suprimiendo algunos ‘títulos’ que fuerzan el relato, disminuyendo el número de desgracias (eliminando las de los primeros años, como sugiere SimpatíaLaboral) y acentuando el tono de dolor, en especial len los momentos en que el escritor relata las desgracias con cierta insensibilidad, mi breve historia puede mejorar. Gracias, pues, a SimaptíaLaboral, LaSacra, RaulCamposVal, DanielTurambar y Ernie. Y para todos. Disculpadme si mis comentarios han sido un tanto salvajes. Me dejé influenciar en exceso por el tema. El tórrido calor del verano me hizo hervir la sangre, y perdí un poquito mi habitual moderación. Bueno, y que no decaiga. Año de 1914... Black Adder os aguarda. ¡Vamos con vuestros relatos! Josep |
| Es el arte de la metáfora; lo que es, pero no es y a la vez se parece lo suficiente como para... En todo caso, se puede alcanzar el éxtasis a través del orgasmo, o de la lectura o de la simple contemplación del devenir del tiempo, además es altamente recomendable para la salud, ya que eres médico. Josep, lo tuyo no me parece purismo, ni siquiera puritanismo, más bien tiquismiquismo. |
|
cita de lapoeta
Tenía por delante un aburrido viaje en avión, un combinado en la mano derecha y un curioso pasajero a mi izquierda. Unos sesenta años, discreto bigote y leonina cabellera blanca. Gafas progresivas. Camisa de cuadros obscura, un fino cárdigan Clavin Klein, pantalón tejano y, como calzado, unos cómodos mocasines de piel. Sostenía un libro en sus manos: "Esclusas y cabinas". Como viese que mi compañero de viaje lo cerraba y lo guardaba en una bolsa que tenía entre los pies, decidí hacerle algún comentario informal. Como ejemple bien puede servir este párrafo de tu relato, Josep. Busca la metáfora o el giro estético y tal vez puedas evitar colocar un adjetivo detrás de cada sustantivo: Discreto bigote... curioso pasajero.... leonina melena... gafas progresivas.... camisa obscura?... fino cardigan....cómodos mocasines.... Denota un estilo literario muy pobre. El lector no necesita que le expliquen cada una de las cosas que suceden alrededor de una historia y mucho menos que la descripción entre hasta en el más minúsculo detalle.
Bueno, notaste, supongo, que mi anterior post hacía referencia a uno tuyo previo.
Por lo que hace a mi relato, a ese párrafo en concreto, tal vez no has advertido que de lo que se trata es de hacer una somera descripción del pasajero que se sienta a la izquierda del narrador. Ni metáforas ni giros estéticos, con cuatro trazos, y unos cuantos adjetivos, el lector se hace una idea, y lo hace rápidamente además, de cómo es ese pasajero. Es el núcleo del relato. Es fundamental. Y creo que se le sitúa correctamente y sin un exceso de palabras. Compáralo con la descripción del propio narrador. Nada dice de sí mismo. Es un elemento secundario, un mero testigo. Respecto a “obscura”, en su día ya expliqué por qué lo prefiero a “oscura”. No voy a repetirme. Saludos, Josep Edito: Cómo ves, también a mí se me va la olla con el Micorsoft Word y el Firefox. Me pasó por no haber escrito directamente en la ventanita de posteo... o por olvidar el Notepad. |
|
cita de jpiqueras
Míralo bien, Josep, no son cuatro trazos, son un montón de adjetivos que saturan el texto. No estaba por aquí cuando disertaste el tema de obscuro-oscuro.
cita de lapoeta
Tenía por delante un aburrido viaje en avión, un combinado en la mano derecha y un curioso pasajero a mi izquierda. Unos sesenta años, discreto bigote y leonina cabellera blanca. Gafas progresivas. Camisa de cuadros obscura, un fino cárdigan Clavin Klein, pantalón tejano y, como calzado, unos cómodos mocasines de piel. Sostenía un libro en sus manos: "Esclusas y cabinas". Como viese que mi compañero de viaje lo cerraba y lo guardaba en una bolsa que tenía entre los pies, decidí hacerle algún comentario informal. Como ejemple bien puede servir este párrafo de tu relato, Josep. Busca la metáfora o el giro estético y tal vez puedas evitar colocar un adjetivo detrás de cada sustantivo: Discreto bigote... curioso pasajero.... leonina melena... gafas progresivas.... camisa obscura?... fino cardigan....cómodos mocasines.... Denota un estilo literario muy pobre. El lector no necesita que le expliquen cada una de las cosas que suceden alrededor de una historia y mucho menos que la descripción entre hasta en el más minúsculo detalle.
Bueno, notaste, supongo, que mi anterior post hacía referencia a uno tuyo previo.
Por lo que hace a mi relato, a ese párrafo en concreto, tal vez no has advertido que de lo que se trata es de hacer una somera descripción del pasajero que se sienta a la izquierda del narrador. Ni metáforas ni giros estéticos, con cuatro trazos, y unos cuantos adjetivos, el lector se hace una idea, y lo hace rápidamente además, de cómo es ese pasajero. Es el núcleo del relato. Es fundamental. Y creo que se le sitúa correctamente y sin un exceso de palabras. Compáralo con la descripción del propio narrador. Nada dice de sí mismo. Es un elemento secundario, un mero testigo. Respecto a “obscura”, en su día ya expliqué por qué lo prefiero a “oscura”. No voy a repetirme. Saludos, Josep Edito: Cómo ves, también a mí se me va la olla con el Micorsoft Word y el Firefox. Me pasó por no haber escrito directamente en la ventanita de posteo... o por olvidar el Notepad. |
|
cita de lapoeta
Es el arte de la metáfora; lo que es, pero no es y a la vez se parece lo suficiente como para... En todo caso, se puede alcanzar el éxtasis a través del orgasmo, o de la lectura o de la simple contemplación del devenir del tiempo, además es altamente recomendable para la salud, ya que eres médico. Josep, lo tuyo no me parece purismo, ni siquiera puritanismo, más bien tiquismiquismo.
Una cosa es que éxtasis, con el tiempo y el uso, haya adquirido otros sentidos que el que le daban los griegos. Otra es que a mí me guste o no me guste el uso que se da a esa palabra y a sus derivados. Por ejemplo, extasiarse. Y otra es que, aunque no me guste, sea correcto y esté de acuerdo con las normas de la RAE. De ahí que nada a reprochar en el uso de esa palabra en tu relato, desde el punto de la norma actual.Repito, a mí no me gusta ese uso de la palabra éxtasis, y no creo que la experiencia extásica, como la que vivían los iniciados en los cultos mistéricos de Eleusis, se pueda alcanzar con la lectura o con la simple contemplación del devenir del tiempo. De modo que, y resumiendo, hay cosas en tu relato que no me gustan. Y en consecuencia, no lo voto. Aunque sea correctas. Aunque el mundo mundial las acepte y las dé por buenas. Yo soy un poco raro en mis gustos, y seguro que de llevar algunos certámenes por aquí ya lo sabrías. Y déjame decirte una cosa. El que yo no te puntúe, el que no me guste tu relato, de acuerdo con anteriores experiencias en el concurso, es una muy buena señal para ti. En un par de ediciones, a lo sumo, te veo de MdC. En cuanto a lo del “tiquismiquismo”, es tu opinión, que respeto (¡Faltaria más!). Josep |
|
Piqueras, últimamente estás en todos los fregados, ja, ja, ja. Aprovechando el "éxtasis" que me ha provocado vuestra amable refriega, diré alguna cosilla sobre el relato de Lapoeta. Como mencioné en una de mis intervenciones, había un autor al que quería dar un par de toques de atención, sólo un par. Me refería a Lapoeta. La prosa poética es uno de los palos más difíciles de tocar en literatura, al menos desde mi humilde punto de vista. Dotar a un texto de las salpicaduras justas de poesía como para que no parezca un extravagante florero es muy difícil. En este aspecto, Lapoeta hace cabriolas con el lenguaje que en ocasiones suben tanto de tono que se pierden entre las nubes. Vamos, que llega un momento en que nos sabes que estás leyendo... si a Becker, a Espronceda o Cecilia Bon de Fabher. No obstante tengo que reconocer que era mi tres, me alegro de que mi decisión de no votar no influyera para nada en el resultado final. Moraleja, un poco más de carne cruda y un poco menos de guarnición para la próxima vez.
|
|
No obstante, Piqueras, yo también he observado cierta dejadez en tu último relato. Sobre todo, el recurso de entremeter los títulos del resto de relatos en el tuyo propio es... una seña de identidad clara, la cual a nivel foro resulta simpática y agradecida, pero a la hora de valorar y puntuar un trabajo, quizás denote un poco de falta de trabajo e imaginación. PD. Es verdad que la descripción inicial del personaje resulta un tanto recargada, reconócelo.
|
|
cita de civairott
Exacto, como no es un relato de temática gay, queda fuera de lugar, digamos, ostentoso. Pero no importa, está bien. Supongo que no me habrá llegado por otros motivos.
Hola, varios bubokianos han comentado mi relato, así que aprovecho para comentar las críticas. LaSacra, como siempre, no se te escapa ni una. En tu próxima vida serás un aparato de rayos X!! Muchas gracias, siempre das ánimos, y tienes mucho tacto a la hora de decir las cosas negativas. RaulCamposVal dixit: "CALOR QUE ARRASA LA NOCHE: Bueno, impecable en la factura, no me llegó a donde tenía que llegar. Sabina tiene una casa en Zahara de los Atunes? Je, je… Qué cosas. En fin, que el tema gay ya está muy visto. Hay que buscar nuevos enfoques para tocar ese tema. Me cuentas una historia de amor, pero el hecho de que sea entre homosexuales me pone en guardia: mira el listillo este, que quiere llamar mi atención… Y por ahí, ya se me atraganta."
Bueno, no sé si es verdad o si es una leyenda urbana, pero todo el mundo que va a esa playa sabe que la casa de la izquierda de la bajada de escaleras, es la de Sabina. Sobre lo que dices del "tema gay", que está muy visto... No estoy de acuerdo. Según eso, ¿no merece la pena escribir más sobre ese tema o incluir un personaje homosexual? Sería como decir que los "abuelos" están muy usados en los relatos. De todas formas, no es un relato de temática gay, simplemente el chico lo es...como podría haber sido bombero, polaco, albino o seminarista. No se trataba de llamar la atención, simplemente me apeteció que fuese gay. No siempre van a ser todos mis personajes heterosexuales, ¿no? Y, DanielTurambar dijo que "sobraba la paja". Yo creo que no sobra... a ver, cuando un chico de 20 años se aburre una noche calurosa de verano, no puede dormir, no se concentra para escribir, no le gusta lo que ponen en la tele, está harto de internet... ¿qué haría? Pues te aseguro que la paja es una de las distracciones más habituales en esas circunstancias... y de las más placenteras... ¿o no? Bueno, un saludo, y gracias por los comentarios ya publicados, y a ver si se animan más. |
|
cita de R2_D2
Ja, ja… Tacharte de cortazariano pretendía ser una broma. Veo que he dado en el blanco.
cita de raulcamposval
ESCLUSAS Y CABINAS Mi 3. Bueno, R2, esta vez sí te has llevado votos por mis partes. Tal vez no estemos tan lejos, porque ese Lava. Es lava. me ha parecido muy cortazariano. Ja, ja… De todas formas en un primer momento sólo iba a darte un punto, pero al final quedaste por encima de ese listón. El relato está bien, limpio, sin fallos, interesante. No pierdes ritmo, no hay altibajos. No sé que más decirte que no sepas ya. ¿Cortazariano? Acabáramos. Jamás de los jamases. Ernst Junger. Me gusta mucho la literatura diarística, y este autor tiene unos diarios de la II WWW magnifícos: Radiaciones. Tusquets, me parece. Lamentablemente, solo tengo y he podido leer el segundo volumen. Si alguien me localiza el primero en algún lado, que me avise. Y de este autor, supongo, conocereis tambien sus memorias de la Primera Guerra: Tempestades de Acero. Si fuera MdC y quisiera colar un relato-placebo para esta edición, podría sacar centenares de ellos de sus páginas. Así que espabilad los escritores bélicos que os hayais entusiasmado con el tema de la quincena: el listón está altísimo. |
En serio, lo tendré muy en cuenta cuando retome la historia, gracias.
¿Por qué un tipo que no tiene nada que aprender sobre cómo se escribe, se empeña en escribir "mal"?
No es que esté mal escrito. Es que no se entiende. Y maldita la gracia que tiene un cuento que no se entiende. Haz elipsis con lo que quieras. Déjale al lector todos los misterios del mundo para descubrir. Pero no le quites nunca la percha de una secuencia ordenada de acontecimientos: primero ocurrió esto, luego esto y luego esto.
El comienzo, el primer párrafo, me parece demasiado recargado de "literatura". Si sostienes el tipo y llegas hasta el final con tal densidad de culteranismos, quizás te salves y hasta rompas la marca. Pero entras muy fuerte, con una apuesta muy alta, y luego no la sostienes.