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Dice Simpatía Un relato sonso, de soltero de tarde en "El diario de Patricia". Bien adoptada la voz de pánfilo en la carta. La señá Cecilia, mucho más avispada, dónde va a parar. Reconozco también, que entre tanta desazón, se trata de uno de los relatos más amables del certamen, en el que andamos un tanto a la rusa, con emociones de las fuertes. Si alguna sugerencia he de hacerle a la obra, que en las escenas de cuando se inicia en el trabajo hubiera algo de picante. Alguna aventurilla que echarse a la boca. Pero va a ser que no.
Una buena crítica.
Lo de la aventurilla se verá. Siempre corrijo mis relatos después del concurso |
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Gracias por los comentarios, Simpatía. Igualmente gracias a Raitann y JPiqueras por los suyos. Tomo nota de todo lo que me habéis comentado. Saludos. |
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Gracias por los comentarios Josep, Zara, Sacra, Raitann, Simpatía y Civairot. Reitero que es bueno saber que has llegado a algún lector, aún con este pequeño relato. Una nota de habla común (que quise resaltar al ser el personaje un madrileño de extraradio como yo) Simpatía, en Madrid, al menos en mi círculo decimos "bajar de..." por "venir de...". El personaje baja por el Parque del Oeste desde Moncloa (el barrio) hacia Rosales o sea "baja de Moncloa hacia Argüelles". Había otro "bajar hacia..." y otro "bajar de..." que quité por repetitivos. El mismo caso para civairott, el "quién", en singular, lo utilizamos en todo caso, aunque sea plural. Utilizar el verbo "tomar" por "coger" me suena un poco cursi, un tanto sureño, cálido, hasta insular, aunque dada la ambientación del relato posiblemente quedara mejor, pero ya sabeis, soy madrileño de extraradio, suburbial si quereis llamarle. Por lo demás estoy absolutamente de acuerdo con quienes comentais que podía haber ido algo más allá y con todos los fallos tipográficos. Ya sabéis que por mucho que se relea algo hay cosas que se escapan. Sois los mejores, me gusta esto de que le den candela al autor, creo que es lo que más me gusta de concursar aquí... Bueno, también algunas flores le sientan bien a uno, ¿no? Besos y abrazos otoñales para todos, aunque en mi pequeña castilla serrana ya es invierno y la nieve hace acto de presencia desde ayer. P.d.: Mameri, macho, plis no tomes tanto café. |
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Simpatía, me ha gustado tu opinión. Creo que yo hubiera dicho lo mismo si el relato no hubiera sido mío. De hecho, yo no soy un autor de relatos sino de novelas. Se nota que a este le hubiera podido dar continuidad, pero tuve que cortar por no pasar del número de palabras. PD: emartians, plis, déjame en paz, cada vez que me mencionas es para incordiarme. ¿Y si me olvidas un buen rato? Yo no te menciono a ti para nada, ni quiero. Así que ya lo sabes, olvídame de aquí a que el hombre llegue a Marte. |
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Más comentarios. Los últimos que tenía previstos. Der Herbst: El autor usa un cuidado lenguaje muy acorde al ambiente que nos presenta. Culto, excelso. En ocasiones se recrea en él, porque quiere... y puede. A mí, particularmente, me gusta, pero tal vez pueda ser un obstáculo para obtener el agrado de otros lectores. El relato comienza sin un interrogante que nos guíe. Sin embargo, la sucesión de descripciones iniciales, elegantemente definidas y conducidas, capta nuestra atención para indagar qué está ocurriendo. La introducción, tal vez, se haga demasiado extensa, pero este detalle también ayuda a generar esa curiosidad por averiguar qué sucede o, qué sucederá. La conclusión del relato es creíble, pero no es una consecuencia de lo relatado. En este sentido, flaquea (o no llega al sobresaliente, según como se mire). Por decirlo de otro modo, no resulta un final "inevitable". Por otro lado, también me hubiera gustado que el autor nos hubiera hecho padecer más la angustia de Poyas (ejem, vaya nombrecito -¿no había otro?-) durante el asalto para generar más tensión. Hacerlo más dramático (que lo es) y, acaso, menos melancólico (esto es muy subjetivo). De cualquier forma, ¡genial! Mis felicitaciones. Simpatía: Te lanzo un reto para la siguiente edición (u otras venideras). Me gustaría leerte algo en el que los protagonistas sean más marginales o de una clase social menos culta. ¿Recoges el guante? Saludos.
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Primero, antes de nada, felicidades a civairott! Y ahora... Gracias, Sacra, por tu comentario; después de escribir relatos que nadie entendía del todo o en absoluto, considero tu comentario mi premio particular; en una sola frase has condensado todo lo que yo quería transmitir. En efecto, es catalán; ¿por qué? Porque quería jugar con dos lenguas diferentes, era un pequeño listón para mí misma, estoy acostumbrada a pensar en castellano, así que suponía un reto, la traducción la puse luego para facilitar su lectura y por respeto al resto de los participantes. No creo que se lea con mucha soltura porque al subirlo quedó todo mal colocado pero he superado los dos retos que me puse a mí misma al escribirlo, de momento es suficiente. |
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Quiero agradecer a Raitann, IndianaVelarde, DavidMoises, LaSacra y a Simpatíalaboral que hayáis tenido la amabilidad de hacer algún comentario u observación sobre mi relato de setas. He tomado nota de vuestras palabras y me aplicaré a mejorar el cuento. Así a bote pronto veo que la segunda parte flojea y que tiene unos diálogos que sería mejor modificar. La posibilidad de que Carmelo engañase deliberadamente a los turistas (sin mala intención, solo para que no recojan sus gorros de fraile) me parece interesante. Tal vez daría para una nueva versión de la historia. Espero poder incluir este relato en mi futuro librito y gracias a vuestros consejos quedará, estoy seguro, mucho mejor. Sacra, me haces dos preguntas. Ahí van mis respuestas: No sé si existe esa costumbre. Si los niños y el marido se empeñan en llamarle así es muy posible que su hija lo haga también de vez en cuando En ese punto he pensado en mi familia. A mi madre, a partir de que tuvo sus primeros nietos y nietas y todos ellos le llamaban “yaya”, tomamos la costumbre todos de llamarla así. Curiosamente a mi padre no le llamaban "yayo". Tampoco "abuelo". Le llamaban “Pepe”. Y el hombre estaba tan contento, que cómo ibamos a regañar a los crios... Aquí en la costa de Cataluña, en el Hospital de Bellvitge donde se supone que ocurren los hechos, a mediados de octubre a las seis y viente ya se ven las primeras luces del día. Curiosamente en otro lugares de España es noche cerrada todavía. Entre Galicia y Cataluña hay más de 45 minutos de desfase del día. Gracias de nuevo, amigos. Josep |
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cita de emartiants
Emartians, me alegro que podamos enviarnos mutuamente a freír espárragos. Qué bien, otro que me dejará por fin tranquilo. Tú a lo tuyo y yo a lo mío, ¿vale? Espero que esta sea la última vez que te mando a zurzir calzoncillos. Ciao.
Mameri, macho, lo único que te he dicho es que te tranquilices que nadie te ataca en la medida que tu respondes. Por mí como si te fríes un huevo (léase testículo propio) en una sartén. |
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Pongo aquí mi comentario sobre el relato: 'El próximo otoño'. Me ha llevado varios días el escribirlo; mis disculpas si se me coló alguna falta de ortografía o descuido de otro tipo: ------ El texto que vamos a comentar es una carta cuyo destinatario se especifica en la segunda línea: el Sr. juez. La identidad del remitente no aparece, en cambio, por ninguna parte. Leemos, asimismo, el nombre de la ciudad donde fue escrita: Madrid, y la fecha de redacción: tres de noviembre de 1990. Estos tres elementos nos dan, a mi juicio, las claves de interpretación de la carta. En efecto, podemos dividirla en tres partes: La narradora se dirige al juez; establece un diálogo en la distancia con él. Este «dirigirse al juez» es de capital importancia porque obliga a la narradora a utilizar un lenguaje respetuoso (de ahí el empleo de usted) a la vez que claro y preciso, para no crear confusión en un personaje con tan alto cargo administrativo, quien habrá de ocuparse de su caso en cuanto lea la carta a él destinada. El poco espacio disponible y lo mucho que tenía que contar (toda una vida), fuerza a la narradora a economizar al máximo los recursos. Pienso que este era el primer reto para el autor, del cual sale airoso: contenido y forma se ajustan tan bien que el lector «no ve» la mano del escritor que hay detrás de esta epístola. Solo ve, o cree ver, la del personaje ficticio: la desafortunada mujer que ha decidido poner fin a sus días. La segunda parte es el meollo de la narración: en ella conocemos los rasgos básicos de una vida llena de infortunio, una vida quizá abocada al suicidio desde el comienzo. En la tercera y última parte, la narradora vuelve a situarse en el tiempo de escritura; pero esta vez no hay diálogo en la distancia con el juez, sino que leemos un diálogo consigo misma: sería, pues, una especie de monólogo. La culpa. Una lectura atenta del primer párrafo nos permite entrever un intento por parte de la narradora de disculpa / justificación del acto delictivo (el suicidio): «Siento haberle hecho salir de su juzgado para tener que certificar mi muerte. He intentado hacerlo de la manera menos desagradable posible.» Y si hay presunta disculpa es porque antes hubo presunta culpa. Y si al mismo tiempo hay justificación es porque antes hubo acusación o reproche. Este sería, a mi parecer, el tema principal del relato: la culpa y su posible expiación. En efecto, si seguimos esta pista no tardamos en descubrir que la narradora menciona varios tipos de culpa: La culpa (o pecado) de la lujuria: «nací porque dos seres muy equivocados decidieron sucumbir a la lujuria detrás de un matorral.» No es esta una culpa de la protagonista, sino de sus padres. Aquí se da una alusión a la Biblia, una alusión al pecado original, el que marca el inicio de toda existencia humana, según afirma Calderón de la Barca en La Vida es Sueño: «Que el mayor delito del hombre es haber nacido». La culpa de la deuda económica: «[a su padre] lo mató un hombre a quien le debía dinero.» La culpa de ser pobres: «Ella nos decía que esos hombres venían a darnos dinero para poder seguir adelante, que si no fuera por ellos, tendríamos que vivir en la calle y comer ratas.» La culpa de la vejez: «Aquello ocurrió durante años, los que le duró la belleza a mi madre. Algunas palizas y su afición a la bebida la afearon antes de tiempo.» Mientras era joven su madre suscitaba el deseo; cuando los años y los vicios dejaron su impronta, desapareció el deseo. La culpa de la juventud: «Mi madre me decía que la única manera de seguir adelante era sustituyéndola en su labor [dicha labor consistía en prostituirse].» Bajo esta serie de culpas latentes persisten las acusaciones, los reproches: «Yo les daba a mis hermanas el cariño que mis padres les negaban.» Es un reproche de la parte de la hija mayor hacia sus padres. «Cada noche mi madre me miraba con odio.» Es un reproche inverso: la madre acusa de forma implícita y explícita a la hija el haber nacido en contra de su voluntad. Lo suyo había sido un embarazo no deseado. Por eso podemos hablar de unos verdugos, los padres, y de unas víctimas, las cuatro hermanas. Los primeros son verdugos porque no cumplen su función de padres, peor aún, reprochan a las hijas su propia existencia: «Después ella quiso hacer desaparecer los rastros de su consumación [sexual] usando el agua de una manguera… No lo consiguió. La concepción conllevó a la apresurada boda de esos dos infelices, lo cual supuso mi nacimiento en un frío hogar y el de tres criaturas más. Sólo les puedo agradecer que no me dejaran sola en la vida. El primer recuerdo que tengo es una paliza.» Esta paliza que constituye el primer recuerdo se debe al rechazo, ya que la única falta que había cometido la hija era el haber venido al mundo. Las segundas son víctimas porque tienen que padecer las consecuencias de vivir dentro de un pésimo ambiente doméstico: «Porque mis padres gritaban, porque pasaba hambre, porque pasaba frío… por cualquier cosa. Seguí creciendo y, sin darme cuenta, me convertí en la sierva de la casa». El tiempo. La noción del tiempo también es capital para entender las claves del relato. Se distingue entre: –Tiempo de escritura: en un primer momento, la autora se dirige al juez, trata de disculparse por las molestias que le pueda ocasionar su suicidio. Esta primera parte la constituyen los primeros párrafos y es un diálogo en la distancia: la mujer habla con un juez ausente. –Tiempo de la narración: En él efectúa una mirada hacia atrás. Forma el núcleo o meollo de la carta. La vuelta al pasado le sirve a la protagonista para tratar de poner las cosas de su mente en orden (escribir es con frecuencia un ejercicio de catarsis), a la vez que deja entrever quiénes son los culpables de su presunto suicidio, según hemos visto en el punto anterior. –Vuelta al tiempo de escritura: en esta tercera parte, a diferencia de la primera, no hay diálogo alguno en la distancia, sino que la mujer se habla a sí misma: intenta justificar por qué ha escogido el otoño como la fecha más probable de su muerte. Es el clásico tema de la época romántica en que se hacía coincidir el estado de ánimo con la atmósfera exterior: Las noches lúgubres, de José Cadalso; Don Álvaro o la fuerza del sino, del duque de Rivas. En esta ocasión, se hace coincidir la caída de las hojas en otoño con el final de una vida: «Pero en otoño… no hay nada que me una al otoño, excepto los árboles. Cuando sus hojas muertas empiezan a entristecer las calles, me recuerdan que ha llegado el momento de abandonar el lugar que nunca me quiso.» Desde otro punto de vista, conviene distinguir entre: –Tiempo objetivo (el que figura en los calendarios): La carta está fechada en 1990; su autora tiene 47 años (nació por lo tanto en 1943, en plena época del hambre); y reside en Madrid desde hace veinte años (esto significa que abandonó su pueblo, Almendralejo, en 1977, cuando contaba 27 años de edad). –Tiempo subjetivo: De la historia contada se deduce que hay un antes y un después, un suceso que marca su existencia, el cual queda grabado en la conciencia de esta mujer como una mancha que no consigue difuminar. Tenía 17 años cuando... «Me cogió del brazo y me llevó a la fuerza a su habitación. Me arrancó el camisón a tirones y me dijo que como no lo hiciera con ese hombre, le iba a hacer daño a mis hermanas. Me quedé tiritando sobre la cama, desnuda, y mi madre se fue echándome una última mirada que bien podría ser la del diablo.» Esta es la descripción de la escena traumática, que basta ella sola para marcar a fuego toda una existencia. En adelante la muchacha se ocupará de sus hermanas, intentará hacerlas felices en la medida de lo posible. Semejante acción altruista se justifica por el propósito deliberado que tiene la hija mayor de no parecerse en nada a la madre: «Y evité chillar como lo hacía mi madre, porque no quería parecerme a mi madre» [la diferencia está en que mientras la progenitora sentía placer haciéndolo con aquellos hombres, ella no, solo accedía por fuerza mayor: el chantaje emocional: «me dijo que como no lo hiciera con ese hombre, le iba a hacer daño a mis hermanas.»] «Yo les daba a ellas el cariño que mis padres les negaban. Gracias a Dios la incapacidad de dar afecto no se hereda.» Sin duda, el proceso de respuesta contra la agresión que sufren las cuatro hermanas conoce dos etapas: 1) Sufrir en silencio; mostrar la rebeldía de forma negativa: queriendo parecerse lo menos posible a la madre. 2) Defensa activa: se decide buscar ayuda en la persona del cura, el cual les proporciona un sitio donde ella y sus tres hermanas estarán bajo techo y a salvo de todo mal. Esto permite la fuga o huida de la casa. Y nos da pie para abordar el último punto de este comentario: La huida del infierno. El espacio adquiere no poca importancia en este relato. Se da una clara oposición de lugares: –La casa donde vive la familia es el escenario de todas las pesadillas: «El primer recuerdo que tengo es una paliza. Por lo visto lloraba mucho. Por cualquier cosa. Porque mis padres gritaban, porque pasaba hambre, porque pasaba frío… por cualquier cosa. Seguí creciendo y, sin darme cuenta, me convertí en la sierva de la casa; en la sierva de la esclava que era mi madre.» –Ha de haber, pues, un sitio donde escapar, aunque sea con la imaginación. Se convierte esta en el único refugio que queda cuando la realidad se hace insoportable y no hay forma de encontrar una salida: «Las imaginé [a ellas, las hermanas pequeñas] comiendo carnes y sopas calientes, acompañadas de pan y colines; las vi saboreando un flan, jugueteando con las cucharas, felices mientras apuraban el caramelo pegado a los platos. Las vi reírse mientras ese hombre se apoderaba de mí.» Conclusión. La oposición de espacios que se da en la carta nos recuerda inevitablemente a la que existe en la Biblia: el paraíso y el destierro; el cielo y el infierno. Contrariamente a lo que ocurre en el libro sagrado, en esta historia leemos el proceso inverso: la heroína viene del infierno y acude al cielo (Madrid); el destierro de su pueblo representa para ella la salvación antes que la condena. El problema es que los sufrimientos pasados han calado demasiado hondo en su ser, han dejado una huella tan imborrable que, otoño tras otoño, escribe una carta para dar cuenta al juez de su suicidio. Creemos que en esta última intentona sí que lo consigue, porque nos revela muy al principio y de manera explícita: «Yo misma me tumbé en la cama y me tragué todas estas pastillas cuyo bote vacío encontrará a mi derecha.» Hubo, pues, suicidio. La madre se salió al final con la suya: no quería que su hija hubiera nacido; y esta, aunque tardase 47 años en realizar tal acción, acabó por cumplir el deseo de la madre al poner un término a sus días. Esta historia, como en la Biblia, nos cuenta de este modo un triunfo del mal sobre el bien. |
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cita de simpatialaboral
Pues mira por dónde yo rechacé ese relato de Cazadores de setas porque parece no dominar ni el castellano, ni el catalán, ni la relación entre las dos lenguas:
CAÇADORS DE BOLETS Este es un relat de primera, con el esfuerzo brutal, añadido, de que disponga de traducción simultánea. El enfrentamiento entre la sabiduría rural, que no existe y el pedir permiso de los urbanitas cada vez que van a soltar dinero al campo subvencionado. Me sorprende lo bien que ha estructurado el camino del relato la autora /autor, como si hubiera decidido cortar cada escena en un número de palabras. Técnicamente, le sugeriría emplear estos paréntesis [] para la traducción. Ganará en claridad. La historia nos muestra el rugido del payés frente a lo ajeno, que deja paso a la ternura, o algo parecido, cuando sus contertulios no representan amenaza alguna. Intepreto el cierre del cuento como un intercambio de inteligencias: ella sabe que no le va a cobrar, porque ya le ha pagado prestándole a los niños un rato y haciéndole pasar una buena mañana. Pero le falta algo. Sin que pueda decir qué. Es posible que el esfuerzo técnico haya dejado la historia en segundo plano. Con todos los méritos que tiene, se lee mal. Hasta el punto de provocar que nos fijemos en la patética historia de mentira de la señora que se queda a almorzar con los nenes en casa de los payeses, cuando una lectura prudente vincularía esa "mentirijilla" a la que nos saldría a cualquiera en casa de quien nos rechaza. Si habéis oído a un mendigo, alguna vez, sabréis que esas historias son connaturales al ser humano; suponen nuestra forma de mostrar el pescuezo ante el cánido que nos supera en vigor. Entrando en el relato, me sorprende lo bien que el autor resuelve la dificultad y reto que suponen los dos idiomas, máxime en este certamen, donde estamos rodeados de castellanos meapilas, que aandonaron hace nada la efe de facer y la sustituyeron por una hache que ni pronuncian, convirtiendo el aprendizaje de la lengua en un suplicio. Cosas del poder y el chocheo. Yo lo leí con deleite y esfuerzo, a partes iguales. Lo que escribí, al finalizarlo: El esfuerzo por hacernos llegar la belleza del catalá es digno de encomio. Una historia de encuentros urbano-payesos; el desprecio comedido, la decisión del mal encarado y taciturno de campo, ante la ignorancia de los ciudadanos. Su decisión por compartir con quien le apetece y rechazar a quienes le infunden cierto respeto en la ciudad y asco en sus dominios. Una historia bien contada, con olor a humedad y campo. En español llamamos níscalos a los rovellons. Algunas metáforas me gustan, mientras otras necesitan una vuelta, para evitar el pareado; salvo que sean conscientes; pero no me lo han parecido. Esta expresión “els hi estarà més bo” no se puede traducir por “les estará más bueno”. 1º) ¿Por qué la grafía pagés cuando payés está tan incorporado al castellano que hasta sale en el diccionario de la RAE? Pero aún: ¿por qué escribir, en medio de un párrafo en castellano, la palabra rovellons cuando hasta yo, que no soy amante de la naturaleza, sabe que eso en castellano se llama níscalo? O rebollón en Aragón como dice el texto de los guibelurdines. 2º) El poco dominio del catalán salta a la vista en la siguiente frase: En que els hi puc ajudar? Es frase imposible que ningún hablante de lengua materna catalana diría. La razón gramatical es que la partícula pronominalo-adverbial hi es incompatible con el complemento anterior en que; quizá se ve más claro en la frase paralela, también imposible, A on hi aniràs demà. Y en francés ocurriría lo mismo con la partícula y. Suelen usar ese hi fuera de sitio los castellanoparlantes hablando catalán o los que lo aprenden; la razón estriba en que, como no existe la partícula en castellano, les cuesta dominar su uso en catalán, reservado para sustituir complementos circunstanciales o de régimen aparecidos en frases anteriores. 3º) La traducción deja que desear: ¿cómo se puede traducir senyor Pou por señor Pozo? Como si a Zapatero le llamaran Sabater en catalán o Schumacher en alemán. Luego: en la frase Aquesta no es pot menjar, el antecedente de aquesta (esta) es seta de la frase anterior pero, como reza el título, seta es bolet, masculino, de modo que la frase correcta sería Aquest no es pot menjar. Y retomo lo que decía: falta de dominio de la lengua, sobre todo del catalán, que el error es grave. Además, no se ve necesario su uso. Y simpatía: eso de que en castellano no se pronuncian la hache no es exacto. Hay zonas en el sur donde se aspira como en inglés o alemán dando cosas como jambre. |
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cita de DavidMoises
¡Ey!
Estrella Fugaz: ¿Por qué no te "estiras" y comentas mi relato: 'La Incógnita'? Me interesa saber tu opinión sobre él (como veo que no te cortas un pelo y soy buen encajador...). Saludos.
La verdad es que iba a hacer un comentario sobre el relato ganador y he visto uno pluscuamperfecto de Mameri al que no tengo nada que añadir ni objetar. Lo de los Cazadores de setas no era un comentario sino otra cosa. Y el relato La incógnita yo lo voté en segundo lugar. No me importa hacer un comentario, pero para esta tarde o mañana. |
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cita de estrellafugaz
Ok. Genial!
cita de DavidMoises
¡Ey!
Estrella Fugaz: ¿Por qué no te "estiras" y comentas mi relato: 'La Incógnita'? Me interesa saber tu opinión sobre él (como veo que no te cortas un pelo y soy buen encajador...). Saludos.
La verdad es que iba a hacer un comentario sobre el relato ganador y he visto uno pluscuamperfecto de Mameri al que no tengo nada que añadir ni objetar. Lo de los Cazadores de setas no era un comentario sino otra cosa. Y el relato La incógnita yo lo voté en segundo lugar. No me importa hacer un comentario, pero para esta tarde o mañana. |
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cita de estrellafugaz
¿Una crítica?
cita de DavidMoises
¡Ey!
Estrella Fugaz: ¿Por qué no te "estiras" y comentas mi relato: 'La Incógnita'? Me interesa saber tu opinión sobre él (como veo que no te cortas un pelo y soy buen encajador...). Saludos.
La verdad es que iba a hacer un comentario sobre el relato ganador y he visto uno pluscuamperfecto de Mameri al que no tengo nada que añadir ni objetar. Lo de los Cazadores de setas no era un comentario sino otra cosa. Y el relato La incógnita yo lo voté en segundo lugar. No me importa hacer un comentario, pero para esta tarde o mañana. |
Buenas tardes. Anoche felicité, hoy agradezco.
Gracias a los que habéis votado mi relato y gracias a los que lo comentáis.
Yo, como siempre he comentado todos los relatos. No voy a quitar ningún comentario y si alguien se siente molesto, lo siento, pero para mí participar en el concurso tiene cuatro partes inexcusables: escribir, leer, votar y comentar.
Así que ahí van, por orden de aprición.
TIERRA YERMA. Una leyenda que justifica la esterilidad de un valle.
Hay cosas en el relato que me descolocan, por ejemplo se dice: “La fortuna quiso que la familia Languedoc fuese propietaria de tierras en un fértil valle riojano”. Y más adelante el fértil valle sufre una transformación que no se explica: “El Valle de Haro daba por entonces unos vinos mediocres; un terreno duro y poco acogedor.”
Lo mismo pasa con Patricia, se nos da a entender que ella mantiene una relación con el protagonista: “Podía haber elegido a cualquier moza de la comarca, cualquiera hubiera aceptado yacer con el elegante Conde de Languedoc. Sin embargo eligió a Patricia”. Y luego parece que lo que ocurre es que Languedoc la desea pero no mantiene ninguna relación con ella: “El joven Languedoc acostumbraba a observarlas desde el porche, en silencio, rumiando sus desesperadas ansias de hembra”.
Estas cositas hacen que el relato, que formalmente no tiene nada reprochable, se haga difícil de digerir.
LOS GUIBELURDINES. La idea de la historia que nos cuenta me parece buena, es sencilla y cercana.
La primera parte está bastante más lograda que la segunda, es más ordenada y entra bien. En la segunda parte los diálogos son confusos (no se sabe quién habla) y, en mi opinión, algunos son también innecesarios.
Me ha parecido que se insiste mucho en dar pistas para que el lector comprenda que la intoxicación de los domingueros se debe a la conversación que han mantenido con el abuelo. No creo que sea necesaria tanta insistencia ya que resulta evidente la relación. Creo que el autor ha pensado que era necesario remarcar este hecho por la separación tan radical con la que nos ha presentado dos historias que en realidad son sólo una y esa separación no creo que haya sido acertada.
Fuera de comentario, dos dudas que me han surgido:
-La historia transcurre en el norte, ¿allí es normal que una hija llame abuelo a su padre?
-Se dice que a las seis y veinte de la mañana se ven las primeras luces. Me llama la atención la precisión y otra cosa: ¿en otoño amanece tan temprano?
CAZADORES DE SETAS. Versión original con subtítulos.
Me gusta el planteamiento que tiene este relato, un hombre que no necesita nada del mundo exterior y que ofrece unos momentos de “vida” a los habitantes de ese mundo, eso sí, él escoge a los afortunados, sólo a aquéllos que serán capaces de valorar su regalo.
Sorprende el uso del catalán (porque es catalán ¿no?) y la traducción simultánea. ¿Era necesario? ¿Aporta algo? Al principio sólo le he dado un valor de originalidad y, si acaso, de erudición. Pero luego me he dado cuenta de la importancia del uso de la lengua materna en este relato, el protagonista pertenece a esa tierra, forma parte de ella y tiene que expresarse en la lengua que emana de ella. Si la historia transcurriera en Castilla o Extremadura (por ejemplo), esto habría pasado desapercibido.
Está bien ambientado y se lee con soltura.