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ESTAMPA NAVIDEÑA. Un relato definitivamente pesimista pero muy interesante. El relato no es de fácil compresión, le plantea el lector un interesante reto: ¿qué te estoy diciendo? En realidad esta cuestión está presente en todo relato, pero en éste constituye un desafío claro y contundente. Situación temporal: finales del verano. ¿Navidad a finales de verano? ¿Un autor suramericano? No, o sí, pero la nacionalidad del autor no es relevante en este caso. La situación temporal es metafórica, es el paso del tiempo, en qué han quedado las ilusiones, oropeles, promesas de felicidad y a dónde ha conducido el consumismo que estas fiestas representan. Es una visión alejada, desde una tabla (¿de salvación?) que se sitúa en el mar quizás como símbolo de la plenitud que algunos pretenden alcanzar de forma precipitada y equivocada siendo arrastrados a las profundidades. El hecho de reconocer a los compañeros del colegio me lleva a pensar que se está acusando directamente a la educación recibida, no a la académica, sino a la que nos enseña a enfrentarnos con la vida, a afrontar los problemas y también los éxitos. La frase final me lleva (a pesar de lo macabra que resulta) a vislumbrar un hilo de esperanza; nadie puede decirle que los Reyes magos murieron, luego nadie puede arrebatarle la capacidad de creer que todo puede cambiar a mejor y mientras esa creencia permanezca el cambio puede ser posible. Un relato muy bien elaborado que me ha gustado leer y con el que he disfrutado. |
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Esta vez he hecho yo unos pequeños comentarios. Se ve que como tenía vacaciones... (nótese el "tenía", snif, snif) Cuando llega la Navidad Siguiendo el juego de proponer un certamen de relatos navideños en pleno verano, la historia nos transporta hacia la Navidad a “treinta y cinco grados en la calle” a través del capricho (llamémoslo juego, mejor) de un niño de cuatro años que quiere ponerse su disfraz de pastorcito a pesar de que se la caen los goterones por la frente. Su madre, que entiende lo que es ser niño (y que está de vacaciones recién estrenadas, que eso alegra el ánimo más que la Nochebuena), lo consiente. El marido y padre de la criatura llega de trabajar muy poco imbuido por el espíritu navideño (que es lo que tiene no tener vacaciones, que te agria hasta el yogur de mermelada) y se le mete entre ceja y ceja que con el disfraz va a coger una pulmonía. Pero como esto es un relato navideño, lo que podría haber acabado en catástrofe conyugal y familiar (que yo es lo que me pensaba) acaba con una bonita estampa de Papa Noel bañándose en la bañera con el pastorcillo y todo volviendo a su cauce de felicidad y amor. Fuera bromas, el relato está muy bien. A parte de saber aunar perfectamente el espíritu navideño y el verano, es tierno, creíble pero con ese puntillo de fantasía (aunque no la haya) a que nos tiene acostumbrados Sacra, con ese fluir de las palabras y las frases y los sentimientos que te transporta en volandas de principio a fin y te lleva de la mano por una historia muy bien trenzada, mejor escrita y con más capas de las que asoman en una primera lectura (la sombra del conflicto que señalaba antes y que ensombrece una parte de la historia que podría haber virado hacia rumbos más oscuros). Quizás le echo en falta un algo más de garra, de chicha en el argumento pero bueno, es Navidad, las historias han de ser felices hasta empacharse o amargas como el suicidio. En este caso, nos quedamos con la primera opción, válida también. Gran trabajo. Una larga conversación La vida a través de la Navidad: la infancia marcada por la enfermedad y la pérdida del padre, los hijos que le devuelven la infancia que no tuvo y la soledad de la vejez, rota al final, una vez más en Navidad, por una nueva compañía. Bello, tierno, muy bien llevado, con grandes momentos (como la música que llena “de belleza el silencio”), con un final feliz y realista (no le llega el amor sino que la abandona la soledad) y una gran carga de sentimientos buenos y malos. Los claroscuros de las fiestas “mas señaladas” (no me gusta mucho esta expresión y menos en un relato) en un carrusel de años que, quizás, pasa demasiado deprisa (achacable, sin duda, a tener que resumirlo todo en menos de mil setecientas palabras) sin detenerse mucho en ninguno en concreto. Me ha gustado la conversación con la hija, rompe el ritmo de la narración, nos sitúa en el presente resumiéndonos la situación actual en vez de simplemente narrarla, como hasta el momento. Todo un acierto porque aligera el nivel de información (hasta el momento, todo picadito y con prisas y en esta escena, la autora se permite recrearse a mirar el paisaje), evitando el peligro de convertir la narración en un mero resumen y mostrándonos mucho sobre la protagonista, sus relaciones familiares y la vida misma. Buen relato, tierno y triste como las fechas de la “obligada felicidad”. Si algo “malo” hay que decir de él es que es demasiado fugaz. La misiva A ver si me he enterado bien: ¿el personaje es Papá Noel o cada 14 de diciembre empieza a transformarse en él porque él mismo (de pequeño) se da una lista de deseos que quiere que se cumplan y que sólo él puede hacer cumplir? No me acaba de quedar claro, la verdad. Es una pirueta temporal de ésas que no acaban de cuajar porque no entiendo bien su significado. ¿O es todo alegoría y él simplemente retorna a su infancia a través de una carta que él escribió cuando era pequeño y que relee cada Navidad para recobrar un poco esa inocencia perdida de la infancia? Así me cuadraría más pero entonces no me encajaría la crisis existencial que sufrió la primera vez (que, por cierto, me extraña porque no me queda justificado semejante obsesión ni el shock consiguiente por una simple carta), ni la barba, ni las canas, ni el sobrepeso, ni la pérdida de todo ello (a menos, claro, que también forme parte de la alegoría al significar que, con cada relectura, se libera un poco de la carga psicológica de los años). Seguro que hay más detrás de todo esto pero yo no acabo de captarlo. La cesta de Navidad Otro relato en el que se conjuga Navidad, vejez y soledad (por no llamarle abandono directamente): cuando los hijos pasan tanto de los padres que no están ni para recoger la cesta que les acaba de tocar. Por el tono y el contenido, el relato es un genuino cuento de Navidad: alegre y triste, con un punto de inocencia pero con un fondo del que se dejan entrever más sombras que luces, con cierta esperanza y con un deje dulce al final que se come un poco el amargor de las corrientes más subterráneas de esa fiesta que todo el mundo se empeña en llenar de lucecitas de colores y adornos de plástico. Sorprende un tanto la forma de los diálogos, sin acotaciones e integrados en el texto pero perfectamente reconocibles en cuanto a quien dice qué ya que, además, se ha otorgado voz propia a cada personaje (un ejemplo claro es lo que la mujer le dice al hijo del carnicero). También es verdad que no une discursos de más de un personaje en un mismo párrafo y, claro, eso ayuda. Es un recurso arriesgado y sólo apto para los mejores (léase, por ejemplo, “Ensayo de la ceguera” de Saramago. ¿He dicho ya que es una magnífica novela?) porque puede confundir aunque aquí se ha simplificado al máximo y el resultado es bueno. Aunque es un buen relato, que se lee bien y entra fácil, me falta un algo más de chispa que no acabo de ubicar, algo que no me deje con esa sensación de que igual esto ya lo he leído antes. Será cosa mía. En Reyes Explicar una historia desde varios puntos de vista, si se hace bien, como en este caso, da más matices al relato, lo dota de una profundidad mayor ya que amplía los detalles y nos permite ver lo que cada personaje piensa y siente en relación a un mismo hecho. A partir de una situación bastante recurrente como es la cena de Nochebuena y la posible ausencia de uno de los miembros de la familia por trabajo (en este caso, redundando en lo típico, el padre), se teje una historia de sentimientos, anhelos, secretos, esperanzas y temores en torno a los tres miembros de la familia. Al principio, el eje central de la historia parece la escena de sexo entre la pareja (bellamente narrada, con un estilo cargado de sentimiento), aunque, al final, se abre el abanico y se incluye a la hija, que está en la cama a punto de dormir. Es este triple “a punto” (la pareja a punto del orgasmo; la hija, a punto del sueño) el que marca el momento mágico de felicidad y comunión de los tres, el momento de ensoñación, de abrir el corazón y dejar fluir los sentimientos que cada uno alberga: la esperanza de una nueva vida que vendrá, la alegría de la fiesta compartida, el temor por la posible pérdida del trabajo, la certeza del fin de la infancia… y que todos aplazan (con el recurrente “en Reyes”) para poder disfrutar de ese segundo de paz. Y todo esto se nos explica con un relato muy bien escrito, perfectamente conducido (aunque un tanto confuso y dubitativo al principio), cargado de detalles, de los que llegan al alma. Muy bueno. Por Navidad “Vuelve a casa, vuelve” que rezaba la canción. Porque en Navidad no todo es abandono para los más mayores. Otro relato que aúna fiestas, vejez y soledad, aunque éste, al final, arroja un poco de luz con la llegada de la hija, casi como la típica película (que, por cierto, suelen ser pésimas) que ponen por las tardes durante las dos semanas que van desde la Nochebuena al día de Reyes. El tono del relato es preciosista, reconstruyendo una vida a través de las reflexiones en primera persona del protagonista y la descripción de sus costumbres y acciones en los cuatro días antes del 25 de diciembre, que va desgranando con prosa firme y bella y con un más que admirable oficio. No obstante, se me queda la cosa en poco más que una descripción, en una lista de hechos pasados y presentes, aunque el desenlace, por lo menos, le da un poco de brillo que, de otro modo, podría hacer peligrar un relato con una forma preciosa pero con poquito fundamento. Aún así, se lee bien, entra mejor y es de aquellos textos que, como dice mi querido Aribau, no me hubiese importado seguir leyendo mil o dos mil palabras más. Estampa navideña O los zombies se comieron la Navidad. Corto, mucho diría yo. Se queda en una mera descripción y aporta poca historia, aunque la descripción es muy buena, con imágenes realmente logradas como la del Papá Noel y el grupo de niños. Este relato también une Navidad y verano en un mismo instante y aunque se le podrían achacar algunos fallos de consistencia (en ocho meses, ¿los muertos vivientes no se hubiesen disgregado ya lejos de las calles de la cabalgata?), la cosa se salva porque es una historia de ficción y aquí manda el autor. Le he visto algunas faltas de ortografía de bulto (“vayas” en vez de “vallas”, “las atestadas calle” en vez de “las atestadas calles”), achacables, supongo, a las prisas y a la falta de un último repaso. Resumiendo: aunque me gusta mucho el tema (los muertos vivientes –o caminantes, que les llaman ahora- es una de mis debilidades), le falta metraje porque se queda en poco, se echa en falta algo de historia. |
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Gracias por vuestos comentarios, tanto a David como a Ernie. Leyendo el comentario de Ernie sobre Estampa navideña me doy cuenta de cómo cambia un relato dependiendo de quién lo lea. Y me doy más cuenta de lo valiosos que son todos los comentarios no sólo para el uator, sino también para los lectores. A David el aclaro la confusión sobre "el roto" de mi relato. Cuando se abre la puerta del cuarto de baño la prota teme que el marido vaya a entrar en plan "al niño no se le pone el gorro porque ya le he dicho yo que el gorro no se pone y no vas a venir tú ahora a desautorizarme" o algo así, eso rompería el momento de alegria que está compartiendo con su hijo mientras lo baña. Pero resulta que el padre entra en plan zángano uniéndose a la fiesta y lo que se rompe es la tensión que se había creado con la minidiscusión anterior y el cruce de miradas. Nada más. Gracias otra vez por los comentarios y si alguien más se anima... |
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Muchas gracias por los comentarios sobre mi relato, se trata también un poco de aprender, no? si que es verdad que el comienzo del relato es lo que más me gusta y que luego el final o se me alargaba o era tristísimo... en fin, que no me acababa de salir y creo que esa fue la puntilla que le faltó al relato, el próximo que ya tengo en el horno está atado y bien atado, creo. También yo valoraré el trabajo del resto de participantes: Una Larga Conversación Un relato muy bien llevado, melancólico y triste, pero sin llegar a caer en la lágrima fácil. Hace que empatices perfectamente con el personaje principal y su soledad y que te quedes con la misma pena de que a veces la vida sería mejor si escuchásemos al resto y no sólo lo que queremos oír. Creo que hemos elegido varios de nosotros el tema de la soledad de la gente mayor porque quizá sean lo opuesto a ese espíritu navideño tan falso y artificial que nos venden y que muchos lo que "las fechas señaladas son todo el año" se lo tendrían que aplicar. Cuando Llega la Navidad No puntué más este relato porque, llamadme culebronera, pensaba que aquella discusión entre el marido y la mujer era algo mucho más enquistado y tenían una relación más problemática y por eso me chocó que el padre se ponga a jugar con su hijo cual crío de 5 años, me descolocó un poco, la verdad. Por el resto, me gustó mucho la mezcla veraniego-navideña y me parece que está muy bien llevado. La Misiva Por lo que he leído, a todos nos ha pasado que si hubiese habido más puntos para repartir, se los habría llevado este relato. El principio es muy emocionante, pero después se diluye un poco la historia para mi gusto, y me perdí un poco en el propósito del cuento. Creo que era una historia más corta que la que salió, pero el final me ha convencido, que muchas veces los cuentos cortos no hay manera de acabarlos. En Reyes Me ha parecido un relato muy bien llegado, que gana según lo relees. Me gusta el que los párrafos empiecen con las mismas palabras y que después nos cuenten qué pasa al final, pero que se quede en suspenso todo lo que tienen que decir hasta Reyes. Muy logrado el que hablen varios personajes a la vez y el contrapunto del hijo al final. Por Navidad Otra vez la soledad de los mayores, el recuerdo de épocas mejores, en las que compartir las alegrías y las penas. El repetir esa rutina que cada vez se hace más pesada con tantos achaques y tantas prohibiciones y esa rutina precisamente es la que rompe con ese ambiente de alegría ilimitada que tenemos que tener en Navidad sí o sí. El final tiene el punto justo de alegría sin ser pasteloso y qué leñe, también hace creer un poquito en ese milagro navideño que podemos crear nosotros mismos sin que el Corte Inglés nos lo envuelva con un lazo. Estampa Navideña Un relato muy original, aunque personalmente estoy algo cansada de los zombies y me ha parecido algo confuso el relato, pero no puedo sino alabar esa imagen de Papá Noel zombie y la estupenda descripción del panorama tan desolador que contempla el protagonista. Una cosa que me ha extrañado es que, salvo en Cuando llega la Navidad, nadie haya mencionado los villancicos, debe ser que ninguno quería despertar a la bestia y que empiecen a sonar a deshora y en todos lados.
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Gracias a todos por vuestros comentarios. Siento apuro de no hacer yo los mios, pero ando yendo y viniendo y escribo de desde dos ordenadores diferentes, dejé los comentarios en el otro. Mañana creo que volveré y si puedo los termino y los publico. Pero como digo siempre, soy muy mala haciendo comentarios. Ernie, no sé cómo lo tienes tú. Si crees que puedes y te apetece, prefiero que sigas de jefe. Y si ves que no te viene bien, me lo dices y lo haré yo con la mejor de las voluntades. Entre ir y venir. |
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Felicidades a la Sacra y a todos, pues muy buenos los textos de esta edición y muy difícil se me hizo votar... Gracias a todos por los comentarios a En Reyes. La oportunidad de comentar es de lo más importante de este concurso, creo que más que el competir, aquí es donde más aprendo de lo que se opina del relato que escribo y de lo que se opina de los otros. Entonces, en breve mis comentarios. Saludos |
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Cuando llega la Navidad ¿Quién dice que no puede haber Navidad en julio? Creí que podía ser un relato de Ciencia Ficción cuando leí “Me divierte planchar”, pero no, claro que puede existir la mujer que le divierta tal faena aliviada cantando. Relato que nos hace íntimos de una escena familiar, descrita de manera que da gusto. Es el poder del narrador que hace de lo cotidiano lo mágico y nos da toneladas de sentimiento en el describir de un instante. Encontré oficio y elegancia, moviéndose con facilidad y balance entre contar, describir y dialogar. El mensaje está en lo no dicho, moraleja en lo sugerido, pues sabe del lector que entiende y busca su compromiso y no su obediencia. Y es cierto: algunas roturas están bien de vez en cuando… Felicidades y reviso mi Nacimiento no vaya a quedarme muy desangelado. Una larga conversación Hay quien necesita una novela para contar una vida (y claro que también una vida para contar una novela), pero nuestro autor lo consigue en un relato. Es un relato de nostalgias y soledad. Y mira que no es el único que en esta edición ronda la soledad (quizás se pueda proponer como tema). Tema de la música. Siempre espero que al leer si hay referencias a músicas y sonido, venga a algún motivo del relato. Claro que siempre está el de ubicar en ambiente, pero cuando se hace explícito (ejemplo: concierto número uno, Chopin, concierto número dos para piando de Shostakovich, Gershwin, Summer time), esperaría que fuera para más, que tuviera mayor propósito en el relato. Quizás lo hay, pero se me ha escapado. Disfruté el contar reposado, el buen narrar y me gustó el final. La misiva Para mí, 14 de Diciembre, es una fecha importante; pero toca hablar del relato, así que a eso voy. El autor lo dice casi al final: la razón debe hacerse a un lado. ¿Qué decía la carta? ¿Acaso importa? Una lista de deseos del que escoge cumplir uno cada Nochebuena. El autor se deleita en narrar, poniendo el énfasis en la carta entregada, el conflicto del personaje está en abrir la carta o no ¿enfrentarse a su destino? Quizás se esfuerza el narrador en hacer crítico el momento de la decisión (noches en vela, ausencias al trabajo, dejar de comer y asearse) Si es como símbolo, quizás funciona, pero como lector, me pareció demasiado. Disfruté el relato y la reflexión. Yo sé que quiero para el 14 de Diciembre y seré quien deje un mensaje y un deseo que cumplir… aunque mejor no lo haga esperar a Nochebuena. |
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La Cesta de Navidad Delicioso. Estructura eficiente de la narración y personajes bien construidos, sustentados en lo que dicen, hacen y sienten. Me encantó la manera de dialogar sin diálogos. Los personajes hablan dentro del propio discurso del relato y no complica la lectura ni el entendimiento. Muy bien. De vuelta el relato al tema la soledad, esta anciana soledad de quien ha tenido hijos, los ve crecer... y partir. Porque los hijos son del Mundo y de Dios… o son de los hijos mismos, o son de quién sabe, pero no serán nuestros para siempre, al menos no en el sentido posesivo. Excelente relato, hizo pensar y divertirme… cosas que al mismo tiempo no se consiguen fácil. Por Navidad La intimidad de un diario, ese ambiente interior y privado del personaje que describe su vida. El autor no desaprovecha una palabra, todo en el relato tiene un motivo que construye ya sea al personaje, al ambiente o a la historia. Se permite al lector la libertad de sentir, pues el autor no impone, no dibuja tristeza, quizás nostalgia (pero quién no la tiene). El final excelente. Premio al relato con la ilusión de ya apurarme para pasar por la terraza del Mónico. Estampa Navideña Me ha gustado el relatar pero no el relato. A ver y me explico. Me pasa como con películas de Almodóvar en las que aplaudo el talento aunque el sentimiento cuando salgo del cine es que no he disfrutado. Narración con oficio, descripción bien conseguida para el propósito. La frase Durante el ataque (…) nos ubica temporalmente después de “algo”… Un autor que sabe hacer, que domina lo que escribe y sabe lo que quiere escribir, se lo plantea y lo construye. Pero al final nos salva es albedrío de escoger (que para gustos se han hecho los colores y el arco iris) y el autor escribe bien… pero el lector, pues nada, el lector lee… |
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Muchas gracias por los comentarios, de verdad. Me gustaría corresponderos con los míos, pero... Yo es que soy de ciencias. Si alguno me recomienda algún libro sobre cómo hacer comentarios de texto me pondré las pilas, lo prometo. Y también gracias por esos puntos que pensabais darme y no me disteis. No os niego que estoy bastante dolido, pero tranquilos, sólo soy sangriento sobre el folio en blanco.
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Una aclaración sobre mi texto: se trata de un relato que aparece en mi blog con otro título. El original es "Déjà vu". Hice "trampa" (vamos, que reciclé). Para Ernie: el protagonista se entrega a sí mismo la carta. No es Papá Noel, pero se transforma en alguien parecido y sólo vuelve a su ser habitual cuando hace "su trabajo" (satisfacer sus propios deseos y sueños). Para Emarborges: tarda tanto tiempo en abrir la carta como "guiño" particular a los textos de Paul Auster y su recurrencia con el "vagabundeo". También, como forma de expresar cuán crítica era para él la idea de enfrentarse a su particular destino (creo que algo así apuntó Sacra). Suelo tardar muuuuucho en escribir. Paro. Reviso. Leo. Me quedo en blanco... Envidio a los que tenéis pluma "floja" y escribís de corrido. Sin embargo, este relato surgió tal cual: sin añadir, borrar o modificar nada. Del tirón (un "rara avis" en mi colección).
Sobre esto, os pido consejo: ¿qué hacer para repetirlo? ¿Sugerencias para una buena "diarrea dialéctica"? |
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Más gracias por los comentarios. Estoy de contenta... En respuesta a David en su pedida de consejo, ¿por qué quieres escribir más deprisa? No lo entiendo. Creo que cada uno tiene su ritmo y que se tiene que respetar ese ritmo, también creo que ese ritmo es variable en función de qué escribamos, para qué, por qué y las ganas que tengamos de hacerlo en ese determinado momento. No creo que forzar sea bueno y además creo que una escritura lenta y pensada a la larga termina siendo más rápida que esa "diarrea dialéctica" a la que haces alusión; pero hay quien necesita "soltar" para luego remirar y corregir y quien corrige y remira sobre la marcha. No creo que un método sea más eficiente que el otro, simplemente es el que a cada uno "le sale" de natural. Y a Zara: Como vuelvas a decir que eres mala comentando... qué colleja te mereces (dicho con muchísimo cariño, ya lo sabes) |
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Estoy alejado de los foros en estos días. Pero he buscado esta mañana unos minutos para contestar a unos mensajes de uno de nuestros poetas y aprovecho para felicitarte, Sacra, por tu exitosa reentrée en los concursos. No tengo tiempo para leer ni para seguir ahora los certámenes. Tal vez en unas semanas pueda regresar, pero por ahora estoy literalmente saturado por otras cosas que requieren mi tiempo, mi atención y mi trabajo. Un saludo cordial a todas y todos. |
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cita de ElCubo
No sé si me meto donde no me llaman... La respuesta es fácil, tú lo que necesitas es más tiempo. No es lo mismo escribir rápido en una hora, que en cuatro, sr. Cubo.
cita de lasacra
Más gracias por los comentarios. Estoy de contenta...
Quiero escribir rápido para poder corregir más.En respuesta a David en su pedida de consejo, ¿por qué quieres escribir más deprisa? No lo entiendo. Creo que cada uno tiene su ritmo y que se tiene que respetar ese ritmo, también creo que ese ritmo es variable en función de qué escribamos, para qué, por qué y las ganas que tengamos de hacerlo en ese determinado momento. No creo que forzar sea bueno y además creo que una escritura lenta y pensada a la larga termina siendo más rápida que esa "diarrea dialéctica" a la que haces alusión; pero hay quien necesita "soltar" para luego remirar y corregir y quien corrige y remira sobre la marcha. No creo que un método sea más eficiente que el otro, simplemente es el que a cada uno "le sale" de natural. Y a Zara: Como vuelvas a decir que eres mala comentando... qué colleja te mereces (dicho con muchísimo cariño, ya lo sabes) Quiero escribir rápido para poder escribir más. Quiero escribir rápido para poder escribir en menos tiempo.
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En respuesta a David en su pedida de consejo, ¿por qué quieres escribir más deprisa? No lo entiendo.
Creo que cada uno tiene su ritmo y que se tiene que respetar ese ritmo, también creo que ese ritmo es variable en función de qué escribamos, para qué, por qué y las ganas que tengamos de hacerlo en ese determinado momento. No creo que forzar sea bueno y además creo que una escritura lenta y pensada a la larga termina siendo más rápida que esa "diarrea dialéctica" a la que haces alusión; pero hay quien necesita "soltar" para luego remirar y corregir y quien corrige y remira sobre la marcha. No creo que un método sea más eficiente que el otro, simplemente es el que a cada uno "le sale" de natural.
Y a Zara: Como vuelvas a decir que eres mala comentando... qué colleja te mereces (dicho con muchísimo cariño, ya lo sabes)